
REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE GUAYAQUIL
tiendo sus estragos, sumándose a esto, otros factores como la
organización social, costumbres, etc., que contribuyeron para
que los negros leprosos de Lima y Panamá transmitieran la en
fermedad a nuestros indios, criollos y mestizos.
La Real Cédula del 12 de Febrero de 1679 señalaba entre
las obligaciones del Protomedicato, de reciente creación en la
Real Audiencia de Quito y en las provincias de Guayaquil y
Cuenca, “la clasificación de la Lepra y su designación del lugar
donde debian ser aislados provisionalmente)
La Real Cédula del 30 de Ju lio de 1784 reconoce la exis
tencia de la Lepra en las provincias de la Real Audiencia de Qui
to y arbitra el cobro de un cuartillo por cada azumbre de agua-
diente que se expenda en el territorio, para el sostenimiento
de los enfermos en el Lazareto de Cartagena. El 3 de Enero de
1786 el Presidente de la Real Audiencia de Quito pide que, en
vista de la dificultad de enviar a los elefanciacos a Cartagena, el
cuartillo se destine para el sostenim iento de los leprosos en el
Hospicio de Mendigos del Hospital de Virolentos.
En el Censo que se realizó de 1777 a 1809, la provincia de
Quito figura con 30 casos.
Don Francisco de Santa Cruz y Espejo, designado para se-
leccionar los leprosos que debian ser aislados en el lazareto de
nueva creación, solicitó a los demas médicos, cirujanos, etc.,
que denuncien los lazarinos que hubieren reconocido en la ciu
dad, pero sólo obtuvo una respuesta y ésta no fue la de un m e
dico. El mismo Dr. Espejo, en su Memorial sobre el Nuevo Mé
todo para la curación de las viruelas, pide que sean examinados
por un médico y que antes de recluir en un Centro de Salud, se
debe confirmar el diagnóstico para que no suceda que un sim
ple sarnoso sea aislado y que un leproso se quede en la ciudad.
En 1791, el leprosario de Quito adquiere cierta fama, por
lo que le eran enviados los leprosos de Pasto y Popayán.
El 16 de Enero de 1795, el G obernador de la provincia del
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