
Revista RIAF ISSN: 2953-6693 Vol – 4 No. 2, julio 2026
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jugadores estudiados, la metodología de medición
empleada, o las características específicas de la
posición defensa que prioriza otros aspectos del
juego sobre la velocidad del pase. Król y Gołaś
(2022), señalan que los métodos de medición
pueden influir significativamente en los valores
obtenidos, recomendando el uso de sistemas de
captura de movimiento para mayor precisión. Un
hallazgo particularmente interesante es que el
jugador 3, con solo 50 kg de fuerza de brazos (por
debajo de la media de 54.36 kg), logró la mayor
velocidad de pase (2.08 m/s) y distancia (6.25 m).
Este resultado contradice la expectativa inicial
de que mayor fuerza estática se traduce
directamente en mayor velocidad del pase. Rojas-
Valverde et al., (2021) encontraron resultados
similares en su estudio sobre los efectos del
entrenamiento complejo en la velocidad del pase,
señalando que la eficiencia técnica y la capacidad
de activación neuromuscular pueden ser más
determinantes que la fuerza máxima estática. Liu
y Zhang (2022) complementan esta idea al
demostrar que la fatiga afecta la cinemática del
miembro superior, sugiriendo que la
coordinación intermuscular es clave para
mantener la velocidad del pase.
La correlación moderada entre fuerza de brazos y
velocidad del pase (r=0.50) encontrada en este
estudio coincide con lo reportado por Wang et al.
(2023), quienes utilizando sensores inerciales
encontraron correlaciones de magnitud similar
(r=0.45-0.55) entre la fuerza isométrica y la
velocidad del lanzamiento. Estos autores
proponen que la transferencia de la fuerza estática
a la dinámica depende en gran medida de la
especificidad del gesto deportivo, lo que
explicaría por qué jugadores con alta fuerza de
brazos (jugadores 1 y 7 con 60 kg) no lograron las
mayores velocidades de pase.
En cuanto a la composición corporal, se
observó una correlación negativa moderada entre
el área grasa del brazo y la fuerza de brazos (r=-
0.42), lo que indica que los jugadores con menor
los jugadores con menor adiposidad tienden a
prese
presentar mayor fuerza. Camué-Sánchez y
Hechavarría-Vinent (2023), en su estudio sobre
ejercicios especiales en baloncesto pioneril,
destacan la importancia de mantener adecuados
índices de composición corporal para optimizar
el rendimiento técnico. El jugador 7, con el área
grasa más baja (8.8 cm) y alta fuerza (60 kg),
ejemplifica esta relación. Por otro lado, la
circunferencia del brazo mostró una correlación
positiva débil con la velocidad del pase (r=0.25),
lo que sugiere que la masa muscular magra puede
contribuir positivamente a la generación de
velocidad, siempre que no se acompañe de
excesiva adiposidad. Chow y Atencio (2021)
desde una perspectiva de la teoría de la
complejidad, argumentan que la adquisición de
habilidades como el pase no depende
exclusivamente de variables aisladas como la
fuerza o la velocidad, sino de la interacción
dinámica entre múltiples factores (técnica,
percepción, toma de decisiones, condición física).
Este enfoque explicaría por qué en nuestra
muestra existe una alta variabilidad (CV=16.05%
para velocidad) a pesar de una homogeneidad
aceptable en fuerza de brazos (CV=7.85%).
Finalmente, Kato et al. (2021) en su análisis
tridimensional del pase en baloncesto, destacan
que la posición defensa tiene requerimientos
específicos que pueden priorizar la precisión y la
rapidez de ejecución sobre la velocidad bruta del
balón. Esto podría justificar, en parte, los valores
relativamente bajos de velocidad encontrados,
sugiriendo que los jugadores defensas podrían
estar sacrificando velocidad de pase en favor de
otros parámetros como la seguridad o la
colocación.
Conclusiones
1. La velocidad media del pase de pecho en
los jugadores defensa estudiados fue de
1.62 m/s, con una alta variabilidad
interindividual (CV=16.05%),
identificando al jugador 3 como el de
mejor rendimiento (2.08 m/s) y a los