Introducción
La concentración es un proceso cognitivo esencial que permite a los niños focalizar su atención de
manera sostenida en una tarea específica, ignorando distracciones internas y externas, lo que favorece
tanto el aprendizaje académico como la ejecución eficaz de actividades físicas. Este proceso no solo
implica prestar atención, sino también regular estados emocionales y controlar factores como la ansiedad
y la fatiga mental, que pueden limitar el rendimiento óptimo, Martínez et al., (2024). La atención y la
concentración son especialmente relevantes en edades escolares, donde los niños enfrentan demandas
crecientes tanto en el ámbito educativo como en el deportivo.
Hillman et al. (2019) postulan que el ejercicio aeróbico optimiza el control cognitivo, aunque se les
critica no diferenciar los efectos según el tipo de deporte. Diamond & Ling (2020) Wu, H., Wang, X., &
Jin, Z. (2024). Martín et al., (2015). defienden que solo la actividad con alta demanda ejecutiva genera
beneficios reales, cuestionando programas de ejercicio mecánico Bidzan-Bluma & Lipowska (2018)
asocian el deporte con la memoria de trabajo, pero enfrentan críticas por la baja validez ecológica de sus
pruebas en contextos escolares reales). Finalmente, López-Sánchez et al., (2021). Dong, H., & Wang, S.
(2025), validan que la intensidad moderada mejora la atención, aunque se critica la falta de estandarización
en los tiempos de descanso activo Revisiones sistemáticas recientes muestran que la actividad físicamente
activa influye positivamente en la atención y otras funciones ejecutivas en escolares, aunque los
requerimientos óptimos de tipo, duración y frecuencia aún necesitan mayor claridad. Esto implica que
no solo la cantidad, sino también la calidad y el tipo de actividad son determinantes para producir
beneficios en la atención y concentración (Alvarado-Melo, León-Ariza & Ladino-Marín, 2024). Latino,
F., & Tafuri, F. (2023).
Alvarado-Melo et al., (2024) destacan que la actividad física activa mejora dominios cognitivos, aunque
se les critica la falta de precisión en la frecuencia óptima cerebral con la eficiencia atencional, recibiendo
críticas por no controlar la dieta de los participantes. Cobo-Cuenca et al. (2021) asocian el ejercicio
vigoroso con el volumen de estructuras cerebrales, pero se cuestiona su enfoque en muestras
mayoritariamente sedentarias Finalmente, Ardoy et al., (2020) validan que aumentar la intensidad en
Educación Física potencia la concentración, aunque enfrentan críticas por la subjetividad en las fichas de
observación Estos hallazgos son relevantes para comprender por qué los programas de educación física
bien estructurados pueden ser más eficaces cuando incorporan elementos que demandan concentración
cognitiva, como ejercicios que combinan movimiento con toma de decisiones o desafíos de coordinación.
En otras palabras, no todas las actividades físicas tienen el mismo impacto cognitivo; las que requieren
planificación, adaptación y control sostenido tienden a generar más beneficios en la concentración y otras
funciones.
Asimismo, intervenciones físicas diseñadas con objetivos específicos de atención han demostrado
mayor efecto que actividades físicas no estructuradas, lo que resalta la importancia de cognitivamente
activas y contextualizadas para mejorar la atención y la concentración en niños en edad escolar.
En suma, los estudios actuales coinciden en que la actividad física regular, planificada y cognitivamente
involucrada puede potenciar la concentración en niños de 8 a 9 años, mejorando no solo su rendimiento
motor y físico, sino también su desempeño escolar y capacidades cognitivas. Este beneficio se explica