Introducción
En las últimas décadas, la preocupación por la salud y la condición física de la población adolescente
ha aumentado de manera significativa debido al incremento del sedentarismo, la reducción de los niveles
de actividad física y el aumento de la prevalencia de sobrepeso y obesidad en edades escolares (Moeller
et al., 2024; Sun et al., 2024; Nagata et al., 2025). Este fenómeno se ve agravado por el uso prolongado
de dispositivos electrónicos y la disminución del tiempo dedicado a actividades físico-deportivas
estructuradas y no estructuradas. En este contexto, el entorno escolar se posiciona como un espacio
estratégico para la promoción de estilos de vida activos, siendo las actividades extracurriculares físico-
deportivas una herramienta clave para la mejora de la condición física en estudiantes de educación
secundaria y bachillerato (Wang et al., 2023; van der Wurff et al., 2024).
Los programas extracurriculares, desarrollados fuera del horario lectivo pero vinculados al ámbito
escolar, han mostrado efectos positivos tanto a nivel fisiológico como psicosocial. Diversos estudios
evidencian mejoras significativas en la capacidad cardiorrespiratoria, la fuerza muscular, la composición
corporal y la competencia motriz de los adolescentes participantes (Sun et al., 2024; Costa et al., 2024).
Además, la participación regular en estos programas se asocia con beneficios cognitivos, emocionales y
académicos, reforzando su valor como estrategia integral de promoción de la salud en la adolescencia
(Zarazaga-Peláez et al., 2024; He et al., 2025).
La literatura reciente destaca que la efectividad de los programas extracurriculares depende en gran
medida de su diseño e implementación. Factores como la frecuencia semanal, la duración de las sesiones,
la intensidad del ejercicio y la cualificación del personal técnico influyen directamente en los resultados
obtenidos (Jarnig et al., 2023; van der Wurff et al., 2024). Asimismo, intervenciones que incorporan
enfoques pedagógicos centrados en la motivación, el disfrute y el apoyo a la autonomía del alumnado
tienden a lograr mayores niveles de adherencia y, por ende, mejores resultados en la condición física
(Zarazaga-Peláez et al., 2024; Xiao et al., 2025).
Las revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados en los últimos cinco años confirman que los
programas de actividad física implementados en el contexto escolar o extracurricular generan mejoras
significativas, aunque de magnitud moderada, en variables biomotoras clave en adolescentes (Moeller et
al., 2024; Mao & Li, 2025). No obstante, se observa una elevada heterogeneidad metodológica entre
estudios, relacionada con la diversidad de instrumentos de medición, la duración de las intervenciones y
el seguimiento a largo plazo, lo que limita la comparabilidad de los resultados y la generalización de las
conclusiones (Alalawi et al., 2023; van der Wurff et al., 2024).
Otro aspecto relevante abordado por investigaciones recientes es el papel de los mediadores
psicosociales en la efectividad de los programas extracurriculares. Variables como la motivación
intrínseca, el disfrute de la actividad física, el apoyo social percibido y el contexto socioeconómico
influyen significativamente en la participación y los beneficios obtenidos (Nagata et al., 2025; Xiao et al.,
Results: The initial diagnosis showed that more than 80%
of the sample had deficient levels of physical fitness. After
the application, significant improvements ($p < 0.05$) were
observed in all variables, highlighting the increase in aerobic
endurance and the reduction in the prevalence of
overweight. Conclusions: Structured extracurricular
programs are effective tools to improve metabolic and
functional health in the school environment.
Keywords: Physical activity, high school, physical fitness,
students, extracurricular program, health.