Revista Conexiones UG, Vol. 4, No. 1, enero - junio 2026  
e-ISSN: 2960-8147 ISBN: 978-9942-44-827-9  
Niñas, niños y adolescentes pobres. Una realidad social  
Poor girls, boys, and adolescents. A social reality  
1Fernando José Castillo  
Universidad Metropolitana. Guayaquil, Ecuador.  
https://orcid.org/0000-0002-0661-448X  
Fecha de recepción: 26/03/2026  
Fecha de aceptación: 26/04/2026  
Resumen  
El propósito del artículo es el enfoque de una realidad social que ha ocurrido, ocurre y seguirá ocurriendo en  
Suramérica y por no decir, en casi todo el mundo, es el desconsuelo y la angustia por la cual transcurre “la  
vida” de las personas minoriles que soportan las crueles vicisitudes que se considera como una “moderna”  
esclavitud sin que priven los Derechos que la mayoría de las leyes en el mundo están dictadas para protegerles.  
Esta investigación se presenta en la modalidad Documental, Analítica y Hermenéutica donde se evidencia  
la grave situación de este grupo societal que se aleja del cumplimiento de los objetivos planteados en la  
Cumbre del Milenio por no haberse tomado con la debida seriedad este delicado y transcendental contenido.  
Lo que equivale, a algunos supuestos referidos a este inacabado deslinde de integración, a que cada vez más  
se debilite la institución familiar al tener sus miembros que rebuscarse un medio para aminorar la situación,  
incluyendo a las niñas, niños y adolescentes que se les inculca la obligación de colaborar con algún ingreso en  
vez de asistir a la escuela y “perder el tiempo” en ella puerilizando en malabarismos la ruptura de su infantil  
o juvenil futuro.  
Palabras clave: derechos, personas minoriles, pobreza extrema.  
Abstract  
This article focuses on a social reality that has occurred, is occurring, and will continue to occur in South  
America, and indeed, in almost the entire world: the despair and anguish that characterize the lives of minors  
who endure cruel hardships considered a form of modern-day slavery, without the rights guaranteed to them  
by most laws worldwide. This research, presented using an analytical and hermeneutic approach, highlights the  
grave situation of this societal group, which is hindering the achievement of the Millennium Development Goals  
because this delicate and crucial issue has not been addressed with due seriousness. This equates, according  
to some assumptions regarding this unfinished delineation of integration, to the increasing weakening of the  
family institution as its members are forced to find ways to alleviate their situation, including children and  
adolescents who are pressured to contribute some income instead of attending school and “wasting time”  
there, thus childishly juggling the disruption of their childhood or youthful future.  
Keywords: rights, minors, extreme poverty.  
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Introducción  
Tomando en cuenta el intrincado contexto de la resignificación del poder y la inmoral concentración  
de la riqueza en algunos personeros, en contradicción con una expansión y propagación de la pobreza y con  
ella el hambre, como una consideración sobre la secular disyuntiva individuo-sociedad, siempre confiando en  
las expectativas de un bienestar que nunca llega, perennemente evocador de la gran sensibilidad humana, es  
por ello que esta agrupación minoril conformado por niñas, niños y adolescentes, necesita la ayuda necesaria  
para salir o cambiar esta situación y si ésta no se presta adecuadamente, este grupo societal no “aprenderá  
a pescar mientras que le estén regalando el pescado” lo que conllevará, dicotómicamente, a seguir siendo  
pobres.  
Desde esta óptica, la desdicha e insuficiencia económica hay que enfocarla desde un sinfín de  
coincidencias o como un trastorno emocional que puede causar un fracaso o decrecimiento psicosocial de  
carencias como resultado de la relación efecto-causa, por lo que se debe considerar como una circunstancia  
multidisciplinaria y compleja desde que empieza el proceso de empobrecimiento hasta que por algunos  
procederes se transforma mediante la evolución, progreso y desarrollo de los grupos involucrados en esta  
situación económica o simplemente estos colectivos societarios se mantendrán en una misma situación por  
tiempo indefinido apartados de los oropeles del progreso desde la erosión de la institucionalidad hasta la  
fragmentación del tejido social y la influencia de factores externos. Es por ello que de acuerdo con Guerra  
Velásquez (2009.143) que señala “Numerosas son las evaluaciones y discusiones que incluyen análisis históricos,  
económicos, culturales y sociales entre las causas de la pobreza en el mundo”.  
Esta situación, que deja muy poco para atender las necesidades sectoriales de su inmensa demanda,  
incrementa “los niños y niñas de y en la calle” como futuros desempleados y así mantener la cultura del  
hambre y con ello la vivencia en ranchos insalubres sin orden, pero con complejidad y caos y al mismo tiempo  
con grandes desajustes de su realidad cambiante y sometida a las contingencias del tiempo y del espacio en  
que “se vive”, además envuelta en incertidumbres y sueños de cambios de desigualdades y diferencias que  
concitan los temores que su parte altruista despierta.  
Estos estereotipos cobran proporciones insuficientemente abordadas por las ciencias sociales.  
Por lo tanto, cada sistema gubernamental con la prestancia que las circunstancias lo exigen, debe asumir  
el compromiso ineludible de promover acciones políticas concretas para combatir el hambre y la pobreza  
extrema en esta parte del continente, una como consecuencia de la otra y consolidar sistemas integrales  
educativos, económicos y de salud que incluyan e incorporen a estas personas a un real sistema democrático  
de libertad para que puedan tener un futuro diferente al oscuro presente por el cual están transitando.  
Es público y notorio que estas personas que sobreviven con la condición de la pobreza extrema pero  
que buscan una formulación para constituir una identidad basada en hechos de los cuales hay miles de  
evidencias en esta parte del continente donde se señala que duermen en la calle en cartones donde los  
consigue la noche, no tienen esperanza en que va a cambiar su situación ni tampoco confianza en sí mismos  
ni en las autoridades para modificarla, convirtiéndose en una dura realidad innegable e ineludible. Lo que  
conlleva a una de las dramáticas situaciones de Latinoamérica: “Los niños y niñas de y en la calle”.  
Estas personas menores de edad en situación de extrema pobreza no tienen un sitio adecuado donde  
pernoctar y si lo tienen es un rancho insalubre sin los medios necesarios de convivencia que el descendimiento,  
la complejidad y la pluridimensionalidad de la realidad exigen. Por lo tanto, transcurre sus vidas en la calle en  
busca de conseguir un sustento, aunque sea en la basura.  
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Debido a que la mayoría ha roto sus vínculos familiares o éstos son muy débiles, desarrollan estrategias  
de calle para sobrevivir tales como la mendicidad y ciertos “trabajos” marginales como “cuidar carros” o  
vender algún producto en la economía informal sin que reivindique sus condiciones para enriquecer su  
realidad ni se construya una perspectiva de integración “familiar”.  
La particularidad de estos especiales grupos societarios es que carecen de estudios formales, no  
superan los primeros grados de educación primaria o son analfabetas y como viven en la calle no tienen un  
sitio fijo donde ubicarse al mismo tiempo frente a las exigencias inherentes a una premisa de apertura en el  
sentido a abrir una teoría a la realidad, asimismo sufren de una inadecuada alimentación, su salud es en un  
alto grado deficiente sin lograr una integración fértil de lo uno con lo otro.  
Siguiendo a Mandry Llano (2009.163) que señala “La salud y la pobreza constituyen dos términos que  
se encuentran asociados y en estrecha relación, casi siempre, ésta es inversamente proporcional, es decir, a  
menor pobreza mayor salud, a un aumento de ésta corresponde un deterioro de la salud”. En esa medida  
no encuentran un cause congruente donde la realidad queda postergada para siempre, todo intento por  
dilucidarla es un ejercicio que no se puede dejar que sucumba en el poder de las banalizaciones.  
Además, carecen del afecto familiar por no tener un núcleo donde reunirse, por lo que la moral no  
es un privilegio a seguir y si es necesario pedir o robar para el sustento hay que hacerlo para sobrevivir.  
Otro punto a tomar en consideración es que, así como rompen relaciones con sus familiares como factor de  
crecimiento, también lo hacen con su comunidad o vecindad, formando grupos de calle mediante formas de  
acción, interacción o contactos afines a sus mismos intereses y sometidos a riesgos semejantes, manteniendo  
idéntico nivel de pobreza y los extravíos de una aspiración en la urdimbre de la realidad y las posibilidades de  
la extensión entre lo real y la vida misma en un perenne cierre sin apertura.  
Lamentablemente, no hay un número exacto de cuantas personas minoriles se encuentran en esta  
situación de extrema pobreza en Latinoamérica, cuya respuesta no puede ser construida por cuanto cada país  
tiene una taza diferente, además del crecimiento individual de su población en medio de los efectos de las  
sociedades de hoy que no obvian lo crucial de lo efímero pero que ejercen las confluencias de lo diferente  
y de lo desigual como un campo de fuerzas donde siguen coexistiendo la precariedad de lo humano, las  
distancias injustas y las pertinentes como construcción de las diferencias sin posibilidades de renovación,  
cambios y rupturas a favor de la libertad.  
Sin embargo, lo que sí es una constante es que cada vez más se incrementa el número de personas y  
familias en esta situación de extrema pobreza, debido a la contracción económica generada post-covit19 y la  
situación política y económica de la mayoría de los países de la región. Otras de las consecuencias a tomar  
en consideración es el abandono del padre al núcleo familiar posiblemente debido a la violencia doméstica,  
dejando a la madre y al resto de la prole sin el sustento correspondiente, teniendo la mujer que salir a trabajar  
o enviar a los menores hijos a la calle para que consigan algo de comida para subsistir ella y el resto de sus  
hermanos, situación no exenta de la aprehensión entre el juego implacable de la vida por sobrevivir y las  
nueva búsquedas de certezas que no serán ni podrán ser accesibles.  
Estos grupos humanos en pobreza crítica provienen de hogares hacinados en barrios marginales y zonas  
deprimidas, acotados por la aprehensión y la necesidad sin poder entrar en el concepto de una estructura  
social, se encuentran mayormente en centros urbanos próximos en los que se genera el comercio formal o  
informal, donde hay mayor circulación vehicular y de transeúntes para contrarrestar las limitaciones de las  
posibilidades como una dinámica perpetua con una ilusión de singularidad.  
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Esto le da garantías de conseguir algún sustento de personas piadosas que colaboran con ellos al  
ofrecerles algo de alimentos o vestidos al ver su condición de mendicidad al estar desaseados y con ropas  
sucias y deterioradas en el ámbito de la inmediatez. En este sentido, dentro de este grupo permanecen  
menores de edad que al no poseer una educación adecuada, es decir, ser analfabetas, pasarán a las filas de  
los desempleados o trabajadores sub pagados sin expectativas de superación, por lo tanto, lo más seguro es  
que posiblemente acrecentarán las filas de los delincuentes juveniles.  
El hambre en el sector juvenil  
La deshumanización de la pobreza y de sus dramáticas expresiones es una práctica creada para justificar  
la segregación y los estereotipos étnicos, aceptando una supuesta tolerancia de la desigualdad económica,  
producida en su dinamismo plenamente constitutivo sin exterioridad, por cuanto los pobres económicamente  
siempre se han señalados con relación a la delincuencia y la violencia por la justicia penal, además de ser  
asociados a la criminalidad de manera denigrante, lo que significan transversales referentes y dimensiones de  
estructura de la complejidad dentro de la conceptualización general.  
Otra de las graves complicaciones que se manifiesta con el desempleo de los jóvenes es el despliegue  
de la violencia, el crimen, el consumo y tráfico de sustancias prohibidas, debido a que son captados por los  
grupos criminales para sumar e incrementar las bandas delictivas porque no tienen otra salida de sobrevivencia  
en la sociedad que los discrimina por el hecho de ser pobres y pertenecer a una familia humilde. Lo que  
conlleva, de acuerdo con Alvarado Chacín (2003.433).  
La corrupción de diverso signo que se generalizó (…) junto con la recesión económica, la caída  
constante de los indicadores económicos y sociales, el deterioro de las condiciones de vida de  
la mayoría, la exclusión que incluso generó procesos de violencia social y anomia, agudizaron  
las contradicciones, las desigualdades, la inconformidad y condijeron al colectivo a exigir a los  
factores de poder no sólo frenar la pobreza y la exclusión sino que le devolvieran su esperanza  
mediante la construcción de un proyecto político incluyente, donde se les tomara en cuenta y se  
les reconociera como seres humanos y como ciudadanos.  
Este impacto, tanto a nivel personal como familiar, incide notoriamente en los países latinoamericanos,  
tanto individual como general, debido a la ausencia de fronteras por el tráfico de personas que sucede entre  
los diferentes Estados por la población que busca cubrir sus necesidades básicas a como dé lugar, sin distingo  
del lugar donde lo pueda lograr o conseguir.  
Bajo estos parámetros, el desempleo, como prioridad preocupante de este sector de la población se  
ha incrementado aún más, posteriormente con el factor salud y a consecuencia del Covit 19, considerándose  
a su vez como la falta de empleos, siendo estimado gravemente en la ciudadanía joven que ya ha culminado  
estudios de bachillerato, lo que causa un desestimulo para alcanzar mejores niveles en la educación y mejor  
remuneración en el futuro, teniendo en cuenta el procesamiento diario de la experiencia vivida en pasado y  
la que se construye en presente.  
Esto sin tomar en consideración la extensa elucidación del gran porcentaje de jóvenes que abandona  
sus estudios al discurrir que de nada sirve estudiar si después no pueden salir de la pobreza en el futuro o  
tener que dramatizarlo, debido que no pueden saber lo que les depara la inmediatez del día siguiente o  
su destino final aunque siempre con la ilusión que cada quién en su diminuto solipsismo abriga un cambio  
favorable de su vida, lo que casi en su mayoría los lleva a delinquir para lograr, o por lo menos aunque sea  
momentáneamente, cubrir su necesidad primordial “el hambre”.  
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Es por ello el acceso limitado a los bienes y servicios necesarios para la sobrevivencia lo que provoca la  
ausencia de los estándares mínimos de bienestar como salud, educación vivienda y pleno empleo, lo que da  
pie, sin que se justifique esta conducta, que sus miembros delinquen y sean encarcelados con mayor ímpetu  
que otros grupos sociales, siendo las niñas, los niños y adolescentes las personas más afectadas al “habitar”  
en un ambiente de pobreza, delincuencia y miseria.  
El grupo societal latinoamericano comprendido por personas menores de veinte años, sufre las mismas  
o peores consecuencias que el resto de la población de bajos recursos, con la problemática adicional del  
desempleo, la falta de estudios y la criminalización por parte de las autoridades y del resto de la población  
“decente” que ve con preocupación el incremento de la delincuencia juvenil sin reparar las principales causas  
que la provoca. Este problema del desempleo juvenil se presenta como una catástrofe para las economías  
de la mayoría de los países de esta parte del continente, debido a las repercusiones sociales y económicas  
tanto individuales para estas personas como para sus familias, aparte de las consecuencias para los diferentes  
gobiernos que verán incrementar la violencia debido a la desesperación de no poder conseguir un sustento  
para su manutención, lo que conlleva inestabilidad política regional.  
Otro de los principales problemas que se presenta con el hambre en la población juvenil es la falta  
de capacidad para que accedan al sistema educativo en los respectivos países, debido a que no pueden  
incorporarlos por “falta de presupuesto”, lo que incide notoriamente en las futuras economías por la no  
capacitación de la mano de obra que se requerirá para la implementación de las nuevas tecnologías. Es por  
ello que estos particulares grupos societarios sean discriminados y categorizados como seres “malhechores  
y delincuentes” por el resto de la sociedad sin razón general alguna o por responsabilidades particulares  
e individuales, sufriendo adicionalmente maltratos extremos y discriminatorios lo que agudiza la confusión  
y desvirtúa el sentido original de la pobreza, la cual se considera que está categorizada y conformada por  
personas parias e incorregibles, independientemente que cada individuo, solo o por separado, e incluso  
dentro del eje participado se considerará que forma parte del fundamento compartido de la pobreza, por lo  
tanto, esta actitud generalizada genera un terreno fértil para la estigmatización.  
En este sentido, no debe aceptarse el olvido, el desinterés y el abandono del fenómeno denominado “el  
hambre” como consecuencia de la pobreza extrema como una situación no solucionable social y económica de  
este fragmento de la población. Por lo tanto, es necesario que estos grupos exijan la obtención de Derechos  
Colectivos a fin de superar de una vez por todas o por lo menos minimizar la discriminación y exclusión social y  
política a la que es subyugado y subordinado este sector de la sociedad, por lo tanto, se podrá eliminar o por  
lo menos atenuar esta denigración cultural a la que es sometido este grupo societal maltratado e invisibilizado  
por sus propios congéneres mediante políticas de superación estructurales.  
Esto sin tomar en consideración el gran porcentaje de jóvenes que abandona sus estudios al discurrir  
que de nada sirve estudiar en este inútil y desadaptado sistema si después no pueden salir de la pobreza,  
lo que los lleva a realizar trabajos precarios y mal pagados, o peor aún a delinquir para lograr por lo menos,  
aunque sea momentáneamente, cubrir su necesidad primordial que es saciar o por lo menos amortiguar  
el sufrir del hambre. La perspectiva de cada uno de estos seres es fundamentalmente una subsistencia no  
transsituacional en las mismas proporciones en las cuales la supervivencia en todas sus formas se manifiesta  
como “su forma de vida”.  
Si bien la institución familiar es considerada como un grupo unido por la consanguinidad o la ley,  
además de brindarse recíprocamente cariño, amor y protección entre sus miembros, lamentablemente la  
crítica situación económica ha hecho casi desaparecer ese vínculo en estos grupos societales que están en  
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pobreza crítica, lo que equivale a que cada vez más se debilite la entidad de la familia debido a que todos sus  
integrantes deben escrutar hasta en la basura como un medio para aminorar la lamentable situación de un  
futuro incierto e inasible dada la extensión de su entramado fáctico.  
Bajo estos parámetros, se incluyen a las niñas y niños que participan en conseguir algún sustento  
pues se les inculca la obligación de colaborar con algún ingreso en vez de asistir a la escuela y “perder el  
tiempo” en ella de acuerdo con sus progenitores, lo que acentúa su condición de vaguedad lo que reviste  
la particular significación para la comprensión de los efectos múltiples de la radical diferenciación y distancia  
entre individuos y sociedad. Esta situación y sus formas de concreción incrementa el comportamiento de “los  
niños y niñas de y en la calle” como futuros desempleados a mantener la cultura del hambre y la necesidad  
que reposa sobre una relación de creencia inmediata que les lleva a no creer y no aceptar “otro mundo  
acomodado” y con ello mantener la sobrevivencia en ranchos insalubres.  
En efecto, es público y notorio que estas personas que sobreviven con la condición de la pobreza  
extrema y con la noción de una sociedad acertadamente imperfecta, hechos de los cuales hay miles de  
evidencias en esta parte del continente donde se estipula que estas personas duermen a la intemperie en las  
aceras, donde los consigue la noche, tendidas en cartones ya que no tienen ninguna esperanza en que va a  
cambiar su situación ni tampoco confianza en sí mismos ni en las autoridades para modificarla, en una suerte de  
generalización difusa de realidades integradas a los procesos de conexión con el contexto, convirtiéndose en  
una dura realidad innegable e ineludible. Lo que conlleva a una de las dramáticas situaciones de Latinoamérica:  
La conformación de niños y niñas de y en la calle.  
Esta situación de desamparo de las y los menores de edad en situación crítica se debe, en su gran  
mayoría a la ausencia de políticas públicas que deben dictar las autoridades y los sistemas para controlar este  
flagelo, independientemente que los gobiernos están creados para el mejoramiento de los países.  
Si bien las normativas legales en casi todo el mundo establecen el deber de respetar el derecho a la  
seguridad y protección de estas menores personas como sujetos especiales que les corresponde al bienestar  
superior por ser, precisamente, niños, niñas y adolescentes, además del florecimiento humano y el deber  
de maximizar su prosperidad y satisfacción como un fin deliberado. Sin embargo, el aumento de la pobreza  
extrema infantil y juvenil y el cambio en el perfil de la población afectada son alarmantes, se trata de una  
relación de complementariedad entre la identidad individual y la identidad colectiva.  
Al respecto, lamentablemente en la actualidad la extrema situación de estas personas menores equivale  
a que más niños y niñas de zonas urbanas, anteriormente de clase media, ahora viven en una ponderada  
y relativa pobreza. Es público y notorio, como ya se señaló, que estos grupos de personas conformados  
por menores de edad en situación de excesiva escasez y penuria no tienen un sitio adecuado, apropiado y  
conveniente para pernoctar y si por casualidad “conviven con su familia”, probablemente fragmentada, lo  
hacen en un rancho insalubre sin los medios necesarios de convivencia y bajo una idéntica mismidad.  
Por lo tanto, la mayor parte de “sus vidas” transcurre en la calle en busca de conseguir algo de sustento,  
aunque sea en la basura con que saciar el hambre. La mayoría de ellos “sobreviven” solos o con un grupo similar,  
ya que la mayoría han roto sus vínculos familiares o éstos son muy débiles, por lo tanto, desarrollan estrategias  
de calle para sobrevivir tales como la mendicidad y ciertos “trabajos” marginales como “cuidar carros” o  
vender algún producto en la economía informal, situación que escapa al orden de su problematización y que  
la mayoría de estos pequeños seres suponen que “les ocurre a los otros y no a ellos” como una conciencia  
múltiple en el mundo de la vida.  
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La particularidad e inteligibilidad de lo real y social es que estos grupos societarios infantiles y juveniles  
carecen de estudios formales, no superan los primeros grados de educación primaria o son analfabetas y como  
viven en la calle no tienen un sitio fijo donde ubicarse al mismo tiempo, asimismo sufren de una inadecuada  
alimentación, su salud es en un alto grado deficiente, lo que significa un problema cuyas interrogantes y  
respuestas son urdidas y no resueltas desde las esferas gubernamentales. Además, la mayoría carece del  
afecto y amor familiar por no tener un núcleo donde reunirse, por lo que la moral no es un privilegio a seguir  
y si es necesario pedir o robar para el sustento diario hay que hacerlo para sobrevivir.  
Otro punto a tomar en consideración es que, así como rompen relaciones con sus familiares como  
factor forzado de involución, también se separan de manera definitiva de su comunidad o vecindad donde  
nacieron o se criaron, formando grupos de calle mediante formas de acción, interacción o contactos afines a  
sus mismos intereses y sometidos a riesgos semejantes, manteniendo idéntico nivel de pobreza. Sin embargo,  
lo que sí es una constante es que cada vez más se incrementa el número de personas y familias, no solamente  
los niños, niñas y adolescentes en esta situación de extrema pobreza, debido a la contracción económica  
generada por la situación política de la mayoría de los países de la región.  
Otras de las consecuencias a tomar en consideración es el abandono del padre al núcleo familiar y en  
algunas oportunidades de la madre, aunque no siempre, posiblemente debido a la violencia doméstica, lo  
que significa dejar, en ese caso, a la madre y al resto de la prole sin el sustento correspondiente, teniendo  
la mujer que salir a trabajar o enviar a los menores hijos a la calle para que consigan algo de comida para  
sobrevivir ella y el resto de sus hermanos. Esta situación se convierte en una Matiscentrada, es decir una  
sociedad alrededor de la madre. Esta cualidad no es garantía de posibilidades de solución de la problemática  
ni se culmina la ruptura que se deriva de una conciencia de su condición parcelaria.  
Estos grupos en pobreza crítica, sin tener intencionalidad y conciencia de su situación, provienen de  
hogares hacinados en barrios marginales y zonas deprimidas, se encuentran cíclica y mayormente en centros  
urbanos próximos en los que se genera el comercio formal o informal, donde hay mayor circulación vehicular  
y de personas, conformando una relación natural que la inmediatez implica. Esto les da garantías de conseguir  
algún sustento de personas piadosas que colaboran con ellos al ofrecerles algo de alimentos o vestidos al  
ver su condición de mendicidad al estar desaseados y con ropas sucias y deterioradas dada su condición  
objetivada no transmitible ni transmisible.  
En este sentido, dentro de este grupo societal permanecen menores de edad que al no poseer una  
educación adecuada, es decir, ser analfabetas, pasa a las filas de los desempleados o trabajadores sub pagados  
sin expectativas de superación, por lo tanto, lo más seguro es que acrecentarán las filas de delincuentes  
juveniles al no tener un resquicio de esperanza de cambio por ese tránsito vivencial con una conciencia  
permeada en representación de sus propios límites en una situación económica inadecuada, con la condición  
de sujeto que asume la problematización del mundo en que vive bajo expectativas que no consisten en una  
racionalidad particular.  
El grupo comprendido por personas, la mayor de las veces, menores de veinte años, sufre asimismo las  
mismas o peores consecuencias que el resto de la población de bajos recursos, con la problemática adicional  
del desempleo y subempleo por la falta de estudios y capacitación, además de la criminalización por parte  
de las autoridades y del resto de la población “decente” que ve con preocupación el incremento de la  
delincuencia juvenil sin reparar las principales causas que la provoca y sin tomar en cuenta ninguna adecuada  
reflexión analítica sino tomando en consideración las representaciones de experiencias inmediatas del mundo  
social en que habita.  
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Este problema del desempleo juvenil se presenta como una catástrofe para las economías de la mayoría  
de los países de esta parte del continente, debido a las repercusiones sociales y económicas tanto individuales  
para este grupo societal como para sus familiares, aparte de las consecuencias para los diferentes gobiernos  
que verán incrementar la violencia interna debido a la desesperación de no poder conseguir un adecuado  
sustento para su manutención, lo que conlleva inestabilidad política regional. Esta afirmación corresponde al  
orden de las representaciones que no trascienden el orden político ni la posibilidad de un cambio estructural  
desde el punto de vista económico-social.  
Otro de los principales y grave problema que se presenta con el desconsuelo en la población juvenil  
a consecuencia del hambre y la falta de capacidad son las limitaciones para que puedan acceder al sistema  
educativo en sus respectivos países, sin caer en una limitación absoluta es que debido a que casi siempre  
es por “falta de presupuesto”, que no pueden incorporarlos, lo que incide notoriamente en sus futuras  
economías por la no capacitación de la mano de obra adecuada que se requiere para la implementación de  
las nuevas tecnologías como punto de partida finito y circunscrito de solventar un proyecto con visión futurista  
como concepción de sociedad multifactorial en coexistencia de los unos con los otros.  
Sin embargo, a pesar que la educación constituye un factor de vital importancia para el desarrollo  
personal individual y general de cada uno de los países, cada joven debe tomar la decisión de estudiar o  
no, con el conocimiento de los costos en dinero que representa una porción importante del poco ingreso  
que pueda devengar, lo que significa, si estudia no come y si come no puede estudiar, asunto secular de la  
pregunta por la génesis de lo social que no puede ser solventada fuera de la consideración de la bipolaridad  
individuosociedad. Esta deserción escolar se refleja notoria y negativamente en la mano de obra calificada por  
cuanto el mercado laboral exige cada vez mayores y mejores conocimientos.  
Otro factor, que no es un indicio aleatorio a tomar en consideración, es que la mayoría de los sistemas  
educativos en el sur del continente americano es que no se capacita al estudiante “para trabajar”, forjamiento  
construido dentro del territorio que cada quien fragua como acción vital desde su propia condición de  
la posibilidad de su existencia que apenas traspone los linderos de la familia. Lamentablemente, sin que  
implique un claro deslinde de límites o alejamiento de la realidad, tampoco un título universitario o de técnico  
superior ofrece garantías para acceder a un empleo, es más, hay mayores probabilidades de trabajar para un  
joven siendo analfabeta que uno que haya culminado la primaria o el bachillerato, esto es debido a la labor  
que pueda realizarse y al ingreso económico a percibir.  
Otra de las graves complicaciones que se manifiesta con el desempleo de los jóvenes es el despliegue  
de la violencia, el crimen, el consumo y tráfico de sustancias prohibidas, debido a que son captados por las  
bandas criminales para sumar e incrementar los grupos delictivos porque no tienen otra salida de sobrevivencia  
en la sociedad que los discrimina por el hecho de ser pobres y pertenecer a familias humildes. Este estadio  
primario de esta relación se articula por lados diferentes y a través de distintas formas que comienzan en la  
más inmediata exterioridad, la que apenas traspone los linderos habitacionales donde “habita” la familia.  
Este impacto de carácter social, tanto a nivel personal como familiar, incide notoriamente en los países  
latinoamericanos, tanto individual como general, debido a la ausencia de fronteras por el tráfico de personas  
que sucede entre los diferentes Estados por la población que busca cubrir sus necesidades básicas a como  
dé lugar, sin distingo del lugar donde lo pueda lograr o conseguir a través de las diversas formas en las cuales  
el mundo circundante y sus contextos referenciales intervienen en los espacios de la familia. Esta situación  
irregular conlleva a una inestabilidad política regional porque ningún gobierno en el mundo está preparado  
para ejercer el control de una inmigración tan formidable en un estado de desesperación.  
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De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los jóvenes deben elegir entre trabajar  
en cualquier actividad lícita para superar de alguna manera la pobreza extrema, la mayor de las veces  
devengando un salario ínfimo, laborando largas jornadas o incorporarse en la economía informal vendiendo  
cualquier mercancía seca o frutas, sufriendo calamidades climáticas y de otras personas o simplemente decidir  
no trabajar y dedicarse a las actividades delictivas. Este panorama es la exclusión y pobreza que sufre este  
segmento poblacional no sólo en esta región del continente sino a nivel mundial que condescienden nuevas  
estructuras conforme se realizan algunos cambios sustanciales. Esta situación refleja la enorme magnitud de la  
intensa crisis y de la incertidumbre que se expresa en este sector de la sociedad. Este comportamiento juvenil  
está íntimamente relacionado con el resto de la población latina.  
Los pobres que viven en un relacionamiento humano donde concitan el miedo y la esperanza con la  
dignidad, aparentemente han constituido una preocupación gubernamental, teniendo como denominador  
común la expresión desesperada de este grupo societal y señalado expresamente en los discursos electorales  
como el más desfavorecido, pero como siempre prometiéndole un bienestar social y económico para todos,  
sin que estos programas se cumplan y satisfagan totalmente las demandas sociales.  
Esta incertidumbre se traduce como una impertinencia a una imposición de fuerzas adversas y del  
incremento de la complejidad como metáfora despótica del futuro. Por lo tanto, estos programas no  
constituyen una política estatal para acabar definitivamente con la pobreza sino incrementar de alguna  
manera la economía del país esperando que se puedan desarrollar económicamente algunas zonas abatidas  
y desamparadas que son clasificadas como de extrema pobreza.  
Es necesario contar con mayores niveles educativos y menor deterioro humano por problemas  
alimenticios y de salud para que los grupos de jóvenes se incorporen al mercado de trabajo y traten de salir de  
la pobreza, aunque cada individuo se remite a una sociabilidad única e irrepetible pero manifiestamente plural  
al considerar en su conjunto a todos estos individuales seres. Sin embargo, no es la educación la que resuelve  
la pobreza, en efecto ayuda mucho si existen las condiciones económicas adecuadas en el país. Por lo tanto,  
uno de los principales problemas para resolver la pobreza, no el único, es la capacitación y preparación para el  
empleo de estas núbiles personas, debido a que la incertidumbre del desempleo juvenil como consecuencia  
de su inexperiencia está asumiendo proporciones peligrosas en muchos países, en los cuales sus economías  
y sistemas educativos no pueden incorporar la cantidad de jóvenes que anualmente deberían ingresar al  
mercado laboral.  
El desempleo juvenil es un tema de urgencia que tiene repercusiones demográficas, económicas,  
sociales, sanitarias, ambientales, políticas y legales, tanto para el Estado, como para los individuos involucrados  
y especialmente para las familias si no es debidamente atendido dado el referente de entrada a la posible  
seguridad dentro de los límites de la cotidianidad, contexto en el que se totaliza una red de situaciones  
implicadas en las relaciones particulares y globales generalmente cambiantes. Hay que tomar en consideración  
adicional, las brechas de género en la inclusión laboral que están determinadas por la desigual distribución de  
la carga de trabajo que recae sobre las mujeres jóvenes o no.  
Con la carencia de empleos, el grupo societario juvenil al sentirse psíquica y anímicamente inestable,  
siendo rechazado y expulsado socialmente incrementará el crimen, la violencia y todo lo que conlleva hacia los  
márgenes de la ley, tanto para sobrevivir como para expresar su descontento y abandono. En consecuencia, es  
de carácter imperativo que el sector joven de la sociedad sea incorporado en las políticas gubernamentales  
proporcionándole oportunidades de empleo y medios de vida sustentables, dignos y decentes para superar  
la pobreza mediante el trabajo honesto.  
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En estos países, los jóvenes tienen que elegir entre trabajar en el sector informal o no trabajar, debido  
a varios factores, no están capacitados para realizar las labores exigidas por los patronos, por lo tanto, deben  
estudiar y prepararse para ello, o realizar largas faenas con un ínfimo ingreso precisamente por su falta de  
conocimientos.  
La inclusión laboral es clave para combatir la pobreza, reducir la informalidad y la desigualdad y avanzar  
hacia el desarrollo social individual o general inclusivo. Otro de los factores de exclusión de los jóvenes al  
empleo, es que debido a su situación económica se encuentran fuera del Sistema Formal Educativo, por lo  
tanto, una mínima cantidad logra culminar la educación básica o primaria por abandono y sobrevivir en la  
economía informal, siempre con la necesidad a cuesta.  
Además, el sistema no educa para el trabajo al no enseñar a utilizar herramientas técnicas, equipos  
tecnológicos e instrumentos que capaciten y faculten adecuadamente para ejercer funciones especiales u  
oficios específicos. Asimismo, son muy pocos, sin ser excluyentes, los que debido a su capacidad, inteligencia  
y habilidad y además ser competitivos logran establecerse como trabajadores independientes o instalar un  
negocio propio y próspero con lo que demuestran su propia trascendencia y superación.  
Los “niños de y en la calle” son aquellos menores de 18 años que no mantienen contacto con sus  
familiares o estos vínculos son muy débiles, han roto toda relación con su comunidad y toman la calle como  
hábitat natural, desplazando a la familia como factor esencial de crecimiento y socialización, para lo cual,  
desarrollan diversas estrategias de sobrevivencia que los exponen a distintas y variados tipos de riesgos y  
degradaciones asumiendo su vida como “una realidad establecida o impuesta”.  
La población de este grupo juvenil e infantil no se mantiene estática como partidarios de ciertas  
formas de relativización que supone las imbricaciones y mediaciones, por cuanto debido a los factores  
socioeconómicos crece cada vez más lo que incrementa mayor deterioro de la calidad de vida de este sector  
societario creciendo aún más el avance de la pobreza y la violencia en los países. De acuerdo a lo establecido  
en el “Foro Nacional: La pobreza, (2003.31) “Todos los venezolanos tenemos la convicción que la crisis por  
la que hoy atravesamos, es honda, compleja y de enormes magnitudes. Ella se nos expresa diariamente y en  
distintos modos, intensidad y rostros, sobre todo, rostros juveniles”.  
La mayor parte de este grupo social no está en la calle por iniciativa propia, sino que las circunstancias los  
han llevado a abandonar “sus hogares” constituidos en base a una situación paupérrima, sufriendo violencia  
intra y extrafamiliar y pobreza extrema, con el tradicional hacinamiento doméstico, además resistiendo  
hambre y desamparo, lo que trae como consecuencia una salud deficiente sin poder emprender un camino de  
reconstrucción debido a su complejo entorno vivencial aunque tampoco implica asumir la noción de sociedad  
sino como un agregado de individuos. Este grupo proviene de barrios marginales y de caseríos deprimidos  
por la necesidad que debido a su realidad se forman alrededor de centros urbanos donde fluye la economía  
y el comercio. Además, no hay escuelas públicas o privadas en el sector ni centros de salud para atenderles.  
Las estrategias de sobrevivencia de estas menores personas en pobreza se basan, sobre todo, en ejercer  
la mendicidad, en trabajos informales ambulantes, ocupación en actividades marginales, realizar hurtos y  
robos en pequeña escala y aceptar donaciones de alimentos, ropa y otros enseres que les ofrecen personas  
caritativas o transeúntes en el entorno donde “habitan” sin asumir la noción de comunidad. La reducción  
de la pobreza requiere tiempo, esfuerzo y disposición política de las autoridades gubernamentales y de la  
sociedad civil para combatirla y minimizarla a su máxima expresión. Mientras que el hambre requiere de  
solución inmediata para evitar la malnutrición de esta parte poblacional.  
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Conclusiones  
Los niños, niñas y adolescentes en situación de pobreza, lo que se podría indicar en mendicidad con  
sus dramáticas expresiones, representan una situación extrema de debilidad y vulnerabilidad que necesita  
atención prioritaria y urgente orientada a situarla frente a un reto múltiple de lo social por su complejidad.  
Se encuentran en todas partes, pero en especial en centros urbanos no obstante las interrogantes y dudas  
respecto a sus propios paradigmas si se consideran sus problemas dentro de la indeterminación de la Teoría  
del Caos.  
Este grupo mantiene una salud precaria e ínfima debido a la falta de alimentos adecuados y a los  
maltratos de todo tipo que reciben cotidianamente por parte del resto de la población en general, así como  
de los integrantes de sus mismos grupos. Lamentablemente el impacto de la pobreza da como resultado la  
creación de un trauma del que es casi imposible recuperarse y que se acrecienta a medida que transcurre el  
tiempo si no hay cambios significativos, lo que se convierte en un síndrome psicosocial cuyo origen se basa  
en haber sido criado en un ambiente paupérrimo y en condiciones de pobreza extrema. Bajo estos principios,  
España, L. (2004.29) señala que “desde el punto de vista de la cultura, el comportamiento del ser humano no  
está determinado biológicamente, Lo que hacemos, pensamos, decimos y sentimos no lo traemos al nacer,  
sino que lo vamos construyendo a lo largo de la vida”.  
Esa nueva generación de pobres conformada por niñas, niños y jóvenes de o en la calle, se encontrará  
envuelta en situación de odio y resentimiento contra el resto de la población que “no es tan pobre”, debido  
a la ausencia de bienes y servicios que poseen “los demás” pero que se les niega a ellos, lo que puede ser el  
ejemplo más estimulante que se puede encontrar en el imaginario de la niñez en cuanto a la rebeldía infantil  
y juvenil para dar salida al conflicto que puede albergar en su interior desde una temprana edad.  
Eso sin contar con los “derechos” que tienen los integrantes de las clases sociales media y alta los  
cuales “no los comparten con los pobres”, obligándoles a vivir en mediocres condiciones de inferioridad. Esta  
transmisión de la pobreza de generación en generación conlleva que se mantenga por sécula saeculorum sin  
posibilidad de que se vislumbre algún cambio social en un futuro.  
Es por ello que no necesita explicación la predisposición de los miembros menores a seguir el ejemplo  
de sus progenitores así como del entorno donde transcurre su inicial vida y si el modelo que se observa es  
la conformidad de ser pobre así como el “resolver el día a como dé lugar” independientemente que sea  
pidiendo ayuda, realizando “trabajos callejeros”, hurgando en la basura, o cometiendo hechos ilícitos de  
poca monta, se “seguirá esa tradición” sin cambios significativos, lo que acrecerá aún más con cada ciclo  
familiar a medida que vaya creciendo pero no evolucionando “la familia”.  
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