Revista Conexiones UG, Vol. 4, No. 1, enero - junio 2026
e-ISSN: 2960-8147 ISBN: 978-9942-44-827-9
Bajo esta lógica, la Didáctica Filosófica más allá de ser visibilizado como un método de transmisión,
se concibe en un ejercicio de escucha radical frente al murmullo de lo múltiple. Es así, como el contexto
de aprendizaje, más allá de ser un contenedor de certezas, se transfigura en un campo de ofensiva donde
colisionan temporalidades, memorias y futuros. Ahora bien, ¿Cómo enseñar en un mundo que, como señala
Zygmunt Bauman, se deshace en líquido antes de que podamos nombrarlo?; pues la respuesta está en la
capacidad de residir las preguntas como actos de coraje ético.
La descolonización del saber, eje vertebral de esta reflexión, más de ser un gesto benevolente de
inclusión, es una insurrección contra la ontología del extractivismo, planteamiento este, que Bonaventura
de Sousa Santos resume con crudeza; pues el conocimiento se ha instituido como una aspiradora sapiente,
succionando saberes para convertirlos en mercancías inertes bajo el rótulo de “universalidad”. Pero ¿cómo tejer
en medio del caos?, en esta inquietud, surge la paradoja central; pues, los sistemas complejos nos enseñan que
el desorden no es el enemigo, sino el suelo fértil donde germina lo nuevo, visión esta, sustentada en la teoría
de las estructuras disipativas planteada por Ilya Prigogine, recordando que es en el colapso donde surgen
patrones inéditos. Desde este panorama, la pedagogía, implica ceñirse a la incertidumbre no como fracaso,
sino como potencia.
Esta postura, fue intuida por Paulo Freire al referir que, la educación liberadora enfrenta al conflicto,
porque sabe que es en la tensión dialéctica donde se forja la conciencia crítica. Pero hoy, frente a la crisis
ecológica y la necropolítica descrita por Achille Mbembe, esta tensión adquiere urgencia existencial; pues,
se trata de pensar el mundo y sentirlo en las entrañas, de reconocer que el saber habita en la mente, pero
también en el cuerpo herido de los excluidos, en los ritos olvidados de los pueblos originarios, en la resistencia
silenciosa de quienes han sido borrados del mapa cognitivo. Sin embargo, esta tarea trasciende todo
romanticismo; es profundamente incómoda, ya que descolonizar duele, porque exige confrontar los privilegios
epistémicos, los hábitos cognitivos, las comodidades de un saber que nos ha sido impuesto, convirtiéndose en
una neurosis internalizada. Por eso, la Didáctica Filosófica debe ser también una terapia existencial, un proceso
de desintoxicación lento y doloroso. No hay atajos, como en el duelo, por el contrario, hay que atravesar la
niebla de la negación, la rabia de la deconstrucción, para llegar a un lugar de reconstrucción frágil.
Por consiguiente, la redefinición epistémico-educativa desde la complejidad sin duda es un camino
que, como diría Eduardo Galeano, se hace al andar y al andar se deshace. Por tanto, hay que visualizar los
pasos, esos pequeños gestos de rebelión cotidiana, como las microresistencias de Silvia Rivera Cusicanqui,
que agrietan los muros del poder desde abajo, en el que crece el musgo de lo posible-imposible. |Y es ahí,
en esa humedad fértil, donde la Didáctica Filosófica siembra sus semillas, no para cosechar certezas, sino
para aprender a convivir con la incertidumbre, a dialogar con el caos, a vivir en fin la educación como un acto
de entrada hacia una humanidad más humilde, más interdependiente, más viva, porque educar, en última
instancia, permite liberar el presente de las cadenas que llevamos dentro; aquellas que nos hicieron creer que
el conocimiento es poder, en lugar de entendernos como parte frágil y gloriosa de un todo que nos excede.
Esa es la verdadera complejidad, sabernos, al mismo tiempo, insignificantes y esenciales, efímeros y eternos. Y
desde ahí, seguir caminando.
Conclusión
La didáctica filosófica, fundamentada en la crítica y la descolonización, emerge como un marco robusto
para redefinir la epistemología educativa en contextos complejos, impulsando el tránsito de paradigmas
hegemónicos hacia enfoques liberadores, plurales y emancipadores, donde el pensamiento complejo y la
genealogía crítica potencian tanto la acción pedagógica como la producción de saberes contextualizados.
El modelo propuesto articula diversas dimensiones ontológicas, pedagógicas, epistemológicas y políticas
generandounavisiónhologramáticaysistémicadelaeducación;estopermiteconfrontarcategoríasdominantes,
reconfigurar las prácticas formativas, abrir el diálogo con lo inesperado y favorecer procesos de metamorfosis
educativa que amplifican la agencia crítica y la creatividad transformadora de docentes y aprendices.
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