Received:
Accepted:
Published:
2026-04-13
2026-05-15
2026-06-30
(Re)configuraciones: estrategias
proyectuales desde la transformacn
relacional
Pedro Moncayo Torres
Investigador Independiente, Ecuador
pedromoncayotorres@gmail.com
(Re)configurations: Design Strategies Based on Relational
Transformation
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(Re)configuraciones: estrategias proyectuales desde la transformación
relacional
Pedro Moncayo Torres
Resumen | Este artículo propone una apro-
ximación al proyecto arquitectónico desde la
transformación relacional, entendida como
una forma de proyectar que desplaza la aten-
ción desde la forma y la función hacia la orga-
nización de relaciones espaciales, programá-
ticas y contextuales. Desde esta perspectiva,
la arquitectura se concibe menos como pro-
ducción de objetos autónomos que como
una práctica capaz de establecer, intensicar,
reorganizar o mediar relaciones dentro de un
sistema determinado.
A partir de esta posición, el texto identi-
ca tres estrategias recurrentes en la práctica
proyectual del autor: microintervenciones,
abordaje de las preexistencias y organizadores
dinámicos. Estas no se presentan como cate-
gorías tipológicas ni como fases secuenciales
del proceso de proyecto, sino como modos
operativos aplicables tanto a obras de nueva
implantación como a intervenciones sobre
estructuras heredadas. Su valor reside en la
capacidad de alterar jerarquías, activar co-
nexiones, reprogramar relaciones existentes
y producir nuevas articulaciones dentro del
conjunto.
El artículo se apoya en una producción dia-
gramática propia, utilizada no como simple
representación de resultados, sino como ins-
trumento de lectura. Los diagramas permi-
ten hacer visibles operaciones recurrentes y
mostrar que la forma y la función emergen
como efectos de una organización previa de
relaciones.
Abstract | is article advances a relational
approach to architectural design, understood
as a mode of practice that shis attention
away from form and function as primary
determinants and towards the organization
of spatial, programmatic, and contextual re-
lations. From this standpoint, architecture is
conceived less as the production of autono-
mous objects than as an operative practice
capable of establishing, intensifying, reorga-
nizing, and mediating relations within a given
system.
Within this framework, the article identies
three recurrent strategies in the author’s de-
sign practice: micro-interventions, the en-
gagement of pre-existing conditions, and dy-
namic organisers. ese are not presented as
typological categories or as sequential stages
in the design process, but as operative modes
applicable to both new constructions and
interventions on inherited structures. eir
signicance lies in their capacity to recong-
ure hierarchies, activate connections, repro-
gramme existing relations, and produce new
articulations within the project as a whole.
e discussion is supported by the author’s
own diagrammatic production, understood
not merely as a representational device but
as an analytical instrument. In this sense, the
diagrams render recurrent operations legi-
ble and demonstrate that form and function
emerge as eects of a prior relational organ-
isation.
Introducción
La arquitectura ha sido pensada con fre-
cuencia desde la forma, la composición y la
función como principios capaces de ordenar
el proyecto desde su origen. En la tradición
moderna, esta orientación encontró una
formulación paradigmática en la conocida
frase de Louis Sullivan —“form ever follows
function”—, que condensó la aspiración de
entender el proyecto como la traducción for-
mal de una lógica funcional previa (Sullivan,
1896).
En las historias críticas del movimiento mod-
erno, Kenneth Frampton muestra cómo esa
tradición terminó por consolidar una comp-
rensión del proyecto apoyada en ideales de ra-
cionalidad, orden y adecuación programática,
en la que la forma aparecía estrechamente
ligada a la resolución funcional del edicio
(Frampton, 2020).
Sin embargo, buena parte de la práctica con-
temporánea se desarrolla sobre realidades
menos estables: estructuras heredadas, nor-
mativas superpuestas, programas cambiantes,
tejidos urbanos fragmentados y sistemas es-
paciales atravesados por múltiples escalas
de interacción. En esos contextos, proyectar
difícilmente puede reducirse a la congura-
ción de un objeto autónomo, pues supone
asumir una condición compleja y a menudo
contradictoria que no puede resolverse me-
diante simplicaciones reductoras (Tschumi,
1994/1994; Venturi, 1966/2002).
Palabras clave: Proyecto
arquitectónico, Relaciones
espaciales, Reutilización
adaptativa, Análisis
diagramático, Transformación
relacional.
Keywords: Relational design;
operative strategies; pre-ex-
isting conditions; micro-inter-
ventions; dynamic organizers;
diagrammatic thinking.
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Desde la segunda mitad del siglo XX, distintas
críticas a la ortodoxia moderna pusieron en
cuestión la suciencia de reducir la arqui-
tectura a una relación lineal entre forma y
función. En esa inexión, el problema dejó
de ser únicamente cómo organizar un objeto
o distribuir un programa, para pasar a inter-
rogar las condiciones más amplias en las que
el proyecto se inscribe: el contexto, la expe-
riencia, las dinámicas urbanas, la coexisten-
cia de escalas y la interacción entre sistemas
diversos. Como parte de ese desplazamiento,
Charles Jencks identicó el agotamiento de la
ortodoxia moderna y la emergencia de una
sensibilidad más plural, abierta a la comple-
jidad, la superposición y la coexistencia de
lógicas heterogéneas (Jencks, 2011).
En una línea convergente, Stan Allen ha
mostrado cómo ciertos edicios contemporá-
neos pueden entenderse como totalidades
coherentes pero diferenciadas, capaces de
admitir variaciones locales sin perder consis-
tencia general (Allen, 2016). No se trataba ya
de abandonar la forma o la función, sino de
reconocer que ambas resultaban insucientes
como principios autosucientes de compren-
sión del proyecto.
Este artículo se sitúa precisamente en ese
punto y sostiene que la arquitectura no puede
seguir entendiéndose fundamentalmente ni
como forma ni como función, sino como rel-
ación. Ello no implica negar la importancia de
la forma ni del programa, sino desplazar su
estatuto. Ambos dejan de operar como fun-
damentos autónomos para ser comprendidos
como efectos parciales de una organización
relacional más amplia. Desde esta perspec-
tiva, el proyecto arquitectónico no se dene
ante todo por la resolución de un objeto, sino
por su capacidad de establecer, intensicar,
reorganizar o mediar vínculos espaciales,
programáticos, estructurales y urbanos. En
consecuencia, la arquitectura puede leerse
menos como la producción de entidades cer-
radas que como una práctica de organización
relacional.
Desde esta posición, el presente texto pro-
pone el concepto de transformación rela-
cional como una categoría operativa para
abordar el proyecto arquitectónico. A partir
de ella, identica tres estrategias recurrentes
—microintervenciones, abordaje de las pre-
existencias y organizadores dinámicos—, no
como reglas ni como fases de un método, sino
como formas de acción a través de las cuales
el proyecto adquiere coherencia al reorgani-
zar sus vínculos internos y externos. La pro-
ducción diagramática que acompaña el texto
no cumple aquí una función meramente rep-
resentativa, sino analítica: permite hacer visi-
bles esas operaciones y reconocer, en proyec-
tos diversos, una misma lógica de trabajo.
Los proyectos reunidos en este artículo no
se presentan como casos de estudio en sen-
tido convencional ni como objetos de análi-
sis autónomo, sino como ejemplos proyec-
tuales a través de los cuales las estrategias
aquí discutidas pueden hacerse legibles. Más
que ilustrar de manera secundaria una teoría
previamente dada, estos trabajos permit-
en reconocer, contrastar y precisar criterios
operativos que han ido decantándose en la
práctica proyectual y que aquí se formulan en
términos conceptuales.
Transformación relacional
La noción de transformación relacional se
plantea aquí como una categoría operativa
para pensar el proyecto arquitectónico des-
de la reorganización de las relaciones que lo
constituyen. Su interés no radica en sustitu-
ir unas variables por otras, sino en desplazar
el foco desde los atributos aislados del objeto
hacia las tramas de articulación que vinculan
partes, programas, secuencias, sistemas mate-
riales, condiciones preexistentes y escalas de
inserción. En este marco, la arquitectura no
se comprende a partir de elementos discretos
previamente estabilizados, sino a partir de los
modos en que estos se ordenan, se tensan, se
compatibilizan o se transforman dentro de
una estructura espacial determinada.
Este desplazamiento encuentra resonancia en
discusiones recientes sobre pensamiento rela-
cional en arquitectura, en las que la disciplina
deja de entenderse desde paradigmas estáticos
y centrados en la forma para pensarse como
un campo dinámico de interacciones entre
conocimiento, práctica y contexto (Kararmaz
& Polatoğlu Serter, 2025).
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relacional
Pedro Moncayo Torres
Fuera del campo arquitectónico, la noción de
organización formulada por Jacques Monod
permite pensar sistemas capaces de admitir
variaciones sin perder consistencia; es decir,
estructuras cuya estabilidad no depende de
la inmovilidad de sus partes, sino de la lógi-
ca que articula sus relaciones (Monod, 2019).
Traída a esta discusión, esa idea permite sub-
rayar que la consistencia del proyecto no re-
side exclusivamente en la estabilidad de su
forma ni en la claridad de su programa, sino
en la cualidad de las relaciones que es capaz
de producir y sostener.
Desde esta perspectiva, la coherencia del
proyecto no depende necesariamente de la
clausura de una totalidad unitaria, sino que
puede emerger de sistemas de articulación
capaces de organizar diferencias sin perder
consistencia.
Al mismo tiempo, la totalidad deja de en-
tenderse como una completud formal cer-
rada para pensarse como una condición de
coherencia producida por relaciones, secuen-
cias, diagramas y procesos (González de Ca-
nales, 2016). La transformación relacional no
designa, por tanto, una técnica especíca ni
una operación excepcional, sino una forma
de acción proyectual en la que la coherencia
emerge de la articulación entre elementos
heterogéneos más que de la clausura de una
forma autosuciente.
Pensar el proyecto en términos relaciona-
les no implica la eliminación de la forma,
sino una reconsideración de su estatuto. En
Bourriaud, la forma deja de entenderse como
una entidad cerrada y autosuciente para
aparecer como una conguración que se pro-
duce en la interacción, en el encuentro y en
la copresencia que hace posible (Bourriaud,
1998/2008).
Lo relacional no designa, por tanto, la neg-
ación de la forma, sino una manera distinta
de comprenderla: ya no como principio auto-
suciente de organización, sino como el efec-
to provisional de un conjunto de vínculos.
Trasladada al campo arquitectónico, esta per-
spectiva permite sostener que la consistencia
formal del proyecto no depende únicamente
de su conguración visible, sino de la mane-
ra en que articula continuidades, diferencias,
encuentros y modos de uso. La forma no de-
saparece, pero deja de ocupar el lugar de prin-
cipio único de inteligibilidad del proyecto.
Este desplazamiento obliga también a re-
considerar el estatuto del espacio dentro del
proyecto. Desde la perspectiva de Henri Le-
febvre, el espacio no puede entenderse como
un soporte neutro, vacío y disponible para re-
cibir una forma o un programa previamente
denidos, sino como una realidad producida
a través de relaciones, prácticas y estructuras
sociales (Lefebvre, 2013). Trasladada al cam-
po arquitectónico, esta formulación permite
sostener que el proyecto no opera sobre un
fondo indiferenciado, sino sobre un campo
de condiciones ya estructurado y, al mismo
tiempo, susceptible de transformación.
La transformación relacional no recae, por
tanto, sobre una materia pasiva, sino sobre las
lógicas de articulación que hacen posibles de-
terminadas conguraciones espaciales, usos y
jerarquías. En este sentido, el espacio no con-
stituye un dato previo al proyecto: es aquello
que el proyecto mismo produce, organiza y
transforma.
Esta lógica no se limita, además, a la escala in-
terna del edicio. Puede reconocerse tanto en
la organización de las relaciones entre partes
como en la articulación entre edicio, contex-
to y sistemas urbanos más amplios, ya sea en
su proyección hacia la ciudad (Caldeira, 2016)
o en la necesidad de una lectura que atienda
simultáneamente a distintas escalas sin anular
unas en favor de otras (McLeod, 2016).
La transformación relacional no depende, por
tanto, de una escala ja, sino de la capacidad
del proyecto para volver operativos vínculos
que solo se hacen plenamente legibles al ob-
servarse en distintos niveles. Proyectar, desde
esta perspectiva, no equivale a disponer ele-
mentos sobre un soporte neutro ni a resolver
una forma cerrada, sino a intervenir en un
campo de interdependencias cuya modi-
cación produce nuevas condiciones de coher-
encia, uso y organización.
Entendida así, la transformación relacional
adquiere sentido no solo como marco con-
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En este contexto, lo “micro” no alude a la es-
cala del proyecto, sino a la proporción de la
intervención respecto del conjunto sobre el
que actúa. Una decisión puntual puede des-
encadenar transformaciones signicativas en
el comportamiento general del sistema cuan-
do modica estratégicamente su estructura
relacional. El desplazamiento de un vacío,
la reubicación de un núcleo, la apertura de
una conexión o la redenición de un umbral
pueden operar, así, como acciones mínimas
con efectos amplicados sobre la congura-
ción espacial.
ceptual, sino como criterio de lectura de op-
eraciones proyectuales concretas. El apartado
siguiente desarrolla tres formas operativas en
las que esta lógica se hace legible: microint-
ervenciones, abordaje de las preexistencias y
organizadores dinámicos.
Estrategias operativas
Las categorías que siguen no se presentan
como tipologías ni como fases de un método,
sino como estrategias operativas mediante las
cuales la transformación relacional se hace
legible en el proyecto. En este sentido, resul-
ta útil entender el proyecto a través de pro-
cedimientos recurrentes de acción (Moneo,
2004), y situarlo en un desplazamiento dis-
ciplinar más amplio desde marcos paradig-
máticos hacia lógicas estratégicas de organi-
zación y efecto (García-Germán, 2012).
1.1. Microintervenciones
La microintervención puede entenderse como
una operación de baja magnitud material,
pero de alta incidencia sobre la organización
general del sistema. Su importancia no radica
en la dimensión física de la modicación, sino
en su capacidad para recongurar relaciones
existentes, alterar jerarquías espaciales, inten-
sicar conexiones o activar nuevas compatib-
ilidades programáticas.
Figura 1: Diagrama de
microintervención. (2023)
Nota. Proyecto de referencia:
Moli.
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relacional
Pedro Moncayo Torres
Figura 2: Reconguración
relacional del sistema
doméstico mediante
desplazamiento y reorientación
del núcleo de cocina. (2025)
Nota: Proyecto de referencia:
Caja Blanca.
Esta comprensión puede ponerse en diálogo
con discusiones recientes sobre estructur-
as abiertas al cambio y sistemas relacionales
operativos. Rohner y Sosa señalan que cier-
tas microacciones, aun sin alterar extensa-
mente la conguración material del conjun-
to, pueden reforzar su capacidad adaptativa
al incidir sobre relaciones, intercambios y
puntos sensibles de articulación(Rohner &
Sosa, 2025). En otra dirección, la posibilidad
de admitir especicidades locales sin perder
consistencia general permite entender que
una alteración puntual puede incidir sobre la
lógica del conjunto cuando actúa sobre una
articulación decisiva (Allen, 2016).
La ecacia de esta estrategia depende, por
tanto, de una lectura relacional previa capaz
de identicar puntos críticos cuya inciden-
cia excede su propia dimensión material. En
los diagramas que acompañan este artículo,
esta condición se hace visible en operaciones
puntuales que alteran el equilibrio general del
proyecto. La introducción o el desplazamien-
to de un elemento de relación, la apertura es-
tratégica de un espacio de intercambio o la re-
denición de una transición muestran cómo
una intervención mínima puede recongurar
jerarquías internas y modicar la intensidad
de los vínculos entre partes previamente de-
sconectadas.
Más que una reducción cuantitativa de la in-
tervención, la microintervención remite así
a una operación precisa sobre puntos de alta
incidencia relacional. Su valor reside en la
capacidad de transformar el sistema a partir
de una acción acotada, concentrando la op-
eración proyectual en aquellos lugares donde
la modicación de un vínculo puede reorde-
nar el conjunto.
1.2. Abordar las preexistencias
La segunda estrategia reconoce la preexisten-
cia como una condición activa del proyecto
y no como un dato pasivo o un obstáculo a
resolver. Abordar las preexistencias implica
operar sobre estructuras heredadas —materi-
ales, espaciales, normativas, programáticas o
contextuales— entendidas como parte consti-
tutiva del campo de acción proyectual.
Esta estrategia no se reduce a conservar el-
ementos existentes ni a adaptar funcional-
mente una estructura previa. Su interés reside
en la posibilidad de reinterpretar, reorganizar
o intensicar relaciones ya presentes en el
sistema. Desde esta perspectiva, la preexis-
tencia se convierte en soporte operativo: un
campo de tensiones, continuidades, restric-
ciones y oportunidades que puede ser leído
críticamente para orientar nuevas decisiones
de proyecto.
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Esta comprensión puede ponerse en diálogo
con la discusión contemporánea sobre adap-
tive reuse, entendida como un campo en el
que intervenir sobre lo existente no implica
únicamente modicar un soporte material
disponible para nuevos usos, sino establecer
una relación con las condiciones tangibles e
intangibles que conguran el lugar:
su espesor histórico, sus lógicas constructivas,
sus componentes culturales y las formas de
apropiación acumuladas en el tiempo (Stone,
2023).
Aunque esta estrategia adquiere una presen-
cia evidente en procesos de rehabilitación o
readaptación, su alcance no se limita a ellos.
También en la obra nueva existen condi-
ciones previas que operan como materia ac-
tiva de proyecto: la topografía, la trama ur-
bana, la normativa, los patrones de uso, los
modos de acceso o las lógicas de ocupación
consolidadas. En todos estos casos, abordar
las preexistencias supone incorporar aquello
que antecede al proyecto como parte estruc-
turante de su formulación. En esta dirección,
una lectura del contexto atenta a múltiples es-
calas permite entender que esas condiciones
previas no se agotan en la materialidad inme-
diata del sitio, sino que incluyen relaciones
más amplias entre entorno, uso, historia y
procesos urbanos (McLeod, 2016).
La operación proyectual consiste, por tanto,
en establecer una relación productiva con lo
preexistente, evitando tanto su negación total
como su aceptación acrítica. Más que super-
ponerse a un estado previo, el proyecto actúa
sobre un sistema dado para reorganizar sus
vínculos desde una nueva estructura relacio-
nal.
Figura 3: Lectura y
activación de preexistencias
mediante reorganización de
accesos, soportes existentes y
nuevo uso propuesto. (2023)
Nota: Proyecto de referencia:
Casa Solano.
Figura 4: Reprogramación
de la Preexistencia mediante
su Articulación con la
Plaza y los Espacios de
Intermediación. (2017)
Nota: Proyecto de referencia:
Casa San Francisco.
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(Re)configuraciones: estrategias proyectuales desde la transformación
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Pedro Moncayo Torres
Los diagramas vinculados a esta estrategia
permiten hacer visible esa lectura de capas,
tensiones y soportes previos. Más que doc-
umentar un estado existente, ponen en evi-
dencia la manera en que el proyecto reconoce
condiciones heredadas y las incorpora como
parte activa de una nueva organización. La
preexistencia deja así de operar como una
limitación externa para incorporarse como
materia activa de proyecto.
Desde esta perspectiva, abordar las preexis-
tencias no signica proyectar sobre un fon-
do inmóvil, sino operar sobre una realidad
ya estructurada, cuyas relaciones pueden ser
reinterpretadas y reorganizadas. El proyecto
adquiere entonces espesor al establecer una
relación crítica con aquello que lo antecede.
1.3. Organizadores dinámicos
La tercera estrategia se reere a la introduc-
ción de un elemento, sistema o
dispositivo capaz de reorganizar el conjunto a
partir de su capacidad articuladora. Los
organizadores dinámicos no operan como
piezas autónomas ni como elementos aislados
dentro de la composición, sino como estruc-
turas relacionales que redistribuyen jer-
arquías, orientan ujos, vinculan programas
y producen nuevos órdenes internos.
Su carácter dinámico proviene de su condi-
ción activa dentro del sistema. Más que re-
solver una función especíca, actúan como
catalizadores de múltiples relaciones. Pueden
manifestarse como núcleos, patios, barras
programáticas, vacíos articuladores, ejes de
circulación, sistemas estructurales o disposi-
tivos espaciales híbridos, siempre que su pres-
encia sea capaz de inducir reorganizaciones a
escala del conjunto.
A diferencia de la microintervención, cuya
lógica se basa en una incidencia puntual, el
organizador dinámico introduce un principio
de orden más explícito , sin que ello implique
rigidez ni determinación absoluta. Su función
consiste en orientar el proyecto, concentrar
tensiones y distribuir conexiones, permitien-
do que distintas partes del sistema adquieran
coherencia a partir de una relación compar-
tida.
Figura 5: Organizador
dinámico como estructura
articuladora del conjunto.
(2024)
Nota: Proyecto de referencia:
Centro de Capacitaciones Dr.
Enrique Sánchez.
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Esta estrategia resulta especialmente perti-
nente en proyectos donde la complejidad pro-
gramática o la necesidad de articular ámbitos
heterogéneos exige un mecanismo capaz de
vincular partes diversas sin anular su especi-
cidad. En este sentido, ciertas lecturas recien-
tes han subrayado el papel de la circulación y
del movimiento como estructuras capaces de
articular la experiencia arquitectónica y reor-
ganizar el espacio más allá de su mera función
conectiva (Ockman, 2016).
En otra escala, la posibilidad de que un ele-
mento organizador extienda su incidencia
más allá de sus límites inmediatos permite
entender que estos dispositivos pueden artic-
ular no solo relaciones internas, sino también
vínculos con sistemas urbanos más amplios
(Caldeira, 2016). El organizador dinámico no
homogeniza el sistema; lo estructura.
En los diagramas asociados a esta estrategia,
el organizador aparece como un elemento ca-
paz de inducir nuevas relaciones más allá de
su propia materialidad. No importa única-
mente su forma o posición, sino la red de vín-
culos que activa: recorridos, concentraciones,
transiciones, articulaciones programáticas o
conexiones urbanas. El proyecto se organiza
entonces en torno a una estructura capaz de
dar dirección y cohesión al conjunto.
Los organizadores dinámicos permiten com-
prender que el orden del proyecto no depende
únicamente de la suma de partes, sino de la
existencia de una estructura capaz de articu-
larlas. Su relevancia reside en producir coher-
encia sin clausurar la diversidad interna del
sistema.
Discusión y conclusiones
La transformación relacional, entendida aquí
como marco para abordar el proyecto arqui-
tectónico, permite desplazar la atención des-
de la conguración aislada del objeto hacia
la organización de vínculos espaciales, pro-
gramáticos y urbanos. Bajo esta perspectiva,
el proyecto no se dene exclusivamente por su
materialidad, su escala o su respuesta funcio-
nal inmediata, sino por su capacidad para es-
tablecer, intensicar y reorganizar relaciones
dentro de un sistema determinado.
Desde esta posición, la oposición tradicion-
al entre forma y función resulta insuciente
como estructura principal de comprensión
del proyecto. Ambas han sido entendidas con
frecuencia como polos capaces de orientar la
arquitectura desde su origen: la forma, como
expresión autónoma de una voluntad com-
positiva, y la función, como principio orga-
nizador derivado del programa. Sin embargo,
en el marco aquí propuesto, ni la forma ni la
función constituyen el verdadero punto de
partida del proyecto. Ambas pueden entend-
erse, más bien, como efectos o resultados de
una organización previa de relaciones.
Ello implica reconocer que el proyecto arqui-
tectónico no surge de la simple resolución de
un programa ni de la imposición de una for-
Figura 6: Organizador
dinámico como estructura
de intermediación capaz de
articular programas diversos
entre la plaza y el interior del
conjunto. (2025)
Nota: Proyecto de referencia:
Casa Galería, Centro
Histórico de Quito
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relacional
Pedro Moncayo Torres
ma sobre un soporte dado. El programa mis-
mo deja de ocupar un lugar esencial o deter-
minante para asumirse como un componente
más dentro de una red compleja de relaciones,
en interacción con otras condiciones del siste-
ma. La arquitectura no solo aloja funciones:
también puede concentrarlas, superponerlas
y ponerlas en relación, produciendo nuevas
formas de coexistencia dentro del conjunto
(Koolhaas, 1978).
Las tres estrategias desarrolladas en este artí-
culo —microintervenciones, abordaje de
las preexistencias y organizadores dinámi-
cos— adquieren sentido precisamente en ese
desplazamiento. No se presentan como cat-
egorías cerradas ni como fases sucesivas de
un método, sino como formas operativas que
permiten describir de qué manera el proyecto
actúa sobre los vínculos que hacen posible su
organización. En este sentido, la aportación
del texto no consiste en proponer una secuen-
cia metodológica universal, sino en ofrecer
una lectura conceptual del proyecto arqui-
tectónico desde su dimensión relacional.
La producción diagramática que acompaña
este artículo no cumple una función dem-
ostrativa autónoma ni constituye un conjunto
de casos de estudio en sentido convencional.
Su papel consiste en hacer visible una forma
de pensamiento proyectual: una manera de
comprender el proyecto a través de relaciones,
operaciones y estructuras de organización.
Más que vericar externamente la hipótesis,
los diagramas permiten acompañar la ar-
gumentación teórica, claricarla y mostrar
cómo esta puede hacerse legible desde la prác-
tica del proyecto.
Por lo tanto, proyectar desde la transfor-
mación relacional constituye una vía operati-
va para abordar la complejidad del proyecto
arquitectónico, al entender que tanto la forma
como la función emergen de una organización
previa del sistema y no de una determinación
aislada de sus partes. La principal aportación
del artículo consiste en proponer una lectura
del proyecto en la que el espacio no aparece
como soporte pasivo, sino como una realidad
que se organiza se produce y se transforma a
través de relaciones.
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(Re)configuraciones: estrategias proyectuales desde la transformación
relacional
Pedro Moncayo Torres
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