Received:
Accepted:
Published:
2026-03-12
2026-05-15
2026-06-30
Entre lo humano y el bailarín: Práctica,
academia y ética en la arquitectura
ecuatoriana contemporánea
Mónica Alicea Matos
Universidad de Especialidades del Espíritu Santo, Ecuador
maliceam@uees.edu.ec
Between the Human and the Dancer: Practice, Academia,
and Ethics in Contemporary Ecuadorian Architecture
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Entre lo humano y el bailarín: Práctica, academia y ética en la arquitectura
ecuatoriana contemporánea
Mónica Alicea Matos
Keywords: academia,
practice, politics, market,
criticism.
“El intelectual público de
ancha perspectiva ha sido
sustituido por el intelectual
técnico, quien responde a
preguntas puntuales para
una narrativa que ya es
hilvanada.
(Alicea Rodríguez, 2023)
Palabras clave: academia,
práctica, política, mercado,
crítica.
Resumen | Entre el pensar y el hacer se
abre una grieta que atraviesa la práctica ar-
quitectónica contemporánea. Este ensayo
surge de una reexión crítica de la autora
basada en su experiencia dentro de la aca-
demia y la práctica profesional. A partir de
esta posición situada, se realiza un paneo
amplio por la problemática contemporánea
del Ecuador, considerando el contexto del
mercado inmobiliario, debilidad institucio-
nal, formación académica y responsabili-
dad profesional. Se argumenta que el dis-
tanciamiento entre academia y práctica, y la
dicultad de cuestionar los sistemas dentro
de los cuales operamos han contribuido a
polarizar la profesión entre las lógicas del
mercado y formas de resistencia con esca-
sa incidencia en la transformación material
de la ciudad. En este contexto, predominan
dinámicas de ocupación territorial guiadas
más por la rentabilidad económica que por
criterios ambientales, sociales o urbanos,
así como una arquitectura que con frecuen-
cia privilegia las tendencias estéticas por
encima de estándares técnicos de protec-
ción ambiental y humana. Adoptando una
mirada cercana al periodismo gonzo, la au-
tora se asume como parte activa de aquello
que analiza. En el texto, renuncia a la ilu-
sión de una neutralidad apolítica y plantea
que solo a través de la autocrítica es posible
construir una crítica verdaderamente cons-
ciente y abrir caminos de transformación
en la práctica arquitectónica.
Abstract | Between thinking and doing, a
ssure opens—one that cuts across contem-
porary architectural practice. is essay is
grounded in the author’s critical reection
on her experience in both academia and
professional practice. From this situated
standpoint, the text oers a broad survey
of Ecuador’s contemporary challenges, ad-
dressing the dynamics of the real estate
market, institutional fragility, academic
training, and professional responsibility. It
is argued that the growing divide between
academia and professional practice, togeth-
er with the diculty of questioning the sys-
tems within which we operate, has contrib-
uted to the polarization of the profession
between market-driven logics and forms of
resistance with limited inuence on the ma-
terial transformation of the city. In this con-
text, urban development is driven more by
economic protability than by environmen-
tal, social, or urban considerations, while
architecture frequently privileges aesthetic
trends over technical standards for environ-
mental and human protection. Adopting
an approach akin to gonzo journalism, the
author positions herself as an active partici-
pant in what she analyzes. In the text, she re-
linquishes the illusion of apolitical neutrali-
ty and argues that only through self-critique
is it possible to construct a truly conscious
critique and open pathways for transforma-
tion in architectural practice.
“El intelectual público de ancha
perspectiva ha sido sustituido por el
intelectual técnico, quien responde a
preguntas puntuales para una narrativa
que ya está hilvanada.”
(Alicea Rodríguez, 2023)
Introducción
Una de las grandes inquietudes que me ha
acompañado durante la práctica como ar-
quitecta es lo que percibo como una brecha,
cada vez más marcada, entre el arquitecto
como hacedor y como pensador. Nuestro
paso por la academia es, posiblemente, el
momento en el que podemos ver más ple-
namente esa gura holística del arquitecto
como técnico, artista e intelectual en una
sola imagen. Muchos somos producto de
instituciones educativas que históricamente
han privilegiado un enfoque supuestamen-
te apolítico, abordando de manera limitada
el ecosistema sociopolítico en el que el ar-
quitecto se inserta. En las aulas aún somos
libres, hasta cierto punto, de una realidad
plagada de inconveniencias y obstáculos
para plasmar nuestras ideas. Sin embargo, la
arquitectura como ejercicio profesional es,
después de todo, un servicio, y como tal, está
a la merced del poder.
Reconocer el control limitado que tenemos
sobre la toma de decisiones y sobre ese con-
texto más amplio dentro del cual operamos
es uno de esos primeros shocks que nos da
la práctica. El segundo es que vivimos en un
mundo donde valores como la justicia y el
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bien colectivo están muchas veces subordi-
nados, o al menos condicionados, por inte-
reses de gran escala que nada tienen que ver
con la ética. El tercero, y el más importan-
te, es que somos nosotros quienes estamos
construyendo ese mundo: levantando sus
edicios, pero también dando forma y legi-
timidad al ecosistema político que los atra-
viesa.
Una de las canciones que acompañó mi épo-
ca de estudiante ha regresado curiosamente
a mi memoria mientras escribo estas pági-
nas. Human, interpretada por la banda de
rock The Killers, explora la tensión que hay
entre la voluntad propia y estar a merced de
la sociedad. Pregunta: ¿hasta qué punto so-
mos humanos y hasta qué punto somos bai-
larines? Según el autor, la letra fue inspirada
por Hunter S. ompson, estadounidense
pionero del estilo gonzo, un modo periodís-
tico que consiste en insertarse en la narrativa
como participante activo, en lugar de obser-
vador pasivo (Kreps, 2008). El icónico estri-
billo, “are we human or are we dancers?”
provee la fuerza poética para resaltar a dos -
guras contrapuestas: el humano y el bailarín.
Una como representación de la autenticidad
y el otro como el performer que se mueve al
placer de los demás.
Figura 1: Carta de Sasha
Czech a su yo futuro. (2022)
Nota: Ilustración perteneciente
a la serie Letters to a
Young Architect, en la que
profesionales y estudiantes
reexionan sobre el futuro de
la profesión. Tomado de The
Architectural Review (2022).
Traducción: Querida
Sasha, M.Arch.: Espero que
estés bien. Sé que has hecho
lo mejor que has podido con
las oportunidades que te
han dado. ¿La industria de la
construcción se ha vuelto más
sostenible? ¿O el planeta ahora
está en llamas y/o bajo el agua?
Sea como sea, hagas lo que
hagas, por favor no te vendas
y empieces a diseñar casas de
lujo en Marte solo por dinero.
Si ese es el caso, por favor
corrige tu rumbo e invierte tu
tiempo en algo signicativo.
¡Creo en ti! Con cariño, Sasha.
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Mónica Alicea Matos
La mayoría de nosotros existimos en un
punto medio entre estas dos guras. El pri-
vilegio de deslindarnos de estructuras de
poder y tener la libertad de abrazar ese rol
crítico — tan necesario en la sociedad actual
— tiende a estar limitado a círculos académi-
cos y a ciertas condiciones inusuales donde
no existe la necesidad de vivir de la arquitec-
tura. Debemos distinguir entre hacer arqui-
tectura y vivir de ella. Vivir de la arquitectu-
ra implica, inevitablemente, insertarse en un
contexto donde lazos nancieros establecen,
completa o parcialmente, las decisiones so-
bre cuándo, dónde y cómo se interviene. Si
bien en algún momento percibía lo social y
lo político como temas muy amplios y limi-
tantes al ejercicio creativo, durante la prác-
tica entendí que siempre estaban ahí: todos
los días nos topamos con decisiones grandes
y pequeñas que tienen una implicación po-
lítica. Tal como lo describen los arquitectos
y educadores Josep María Montaner y Zaida
Muxí (2011): “la primera decisión política
[…] radica en lo que se visibiliza y en lo que
se ignora, en lo que se promueve y en lo que
se oculta, en lo que se dice y en lo que se ca-
lla…” (p.16).
En la academia, esa invisibilización (delibe-
rada o inadvertida) puede verse de diversas
maneras. Como educadores —particular-
mente en los talleres de diseño— nos en-
contramos con la compleja tarea de formar
estudiantes con principios técnicos y mane-
jar un sinnúmero de variables con tiempo y
recursos limitados. Sin embargo, es en las
preguntas que formulamos, las posturas que
reproducimos y la priorización de aspectos
técnicos y estéticos, a expensas de una re-
exión crítica sobre los sistemas que sostie-
nen el entorno construido, donde primero
se maniestan estas omisiones contextuales.
Un ejemplo de ello es la universalización de
cuerpos e identidades: ¿qué actores de nues-
tra sociedad estamos dejando fuera? Si bien
hoy es más común escuchar voces alzándose
en torno a temas como el urbanismo femi-
nista, ¿cuánto estamos hablando de las nece-
sidades de las personas sin hogar —muchas
de ellas migrantes—, de la comunidad queer,
de los jóvenes reclutados por el narcotráco,
de los animales abandonados, de los adultos
mayores o de quienes sostienen silenciosa-
mente la vida cotidiana, como los trabajado-
res domésticos? Por otro lado, resulta nece-
sario reconocer y reevaluar el enfoque aún
eurocentrista de la enseñanza de la profesión
en la medida en que puede contribuir a re-
producir mitos de superioridad de culturas
hegemónicas e inferioridad de lo propio
(García & Frankowski, 2023). Esto se ree-
ja no solo en el diseño de edicios y paisajes
que no responden a nuestra realidad climá-
tica, sino también en la producción de imá-
genes que idealizan el paisaje —cielos azules,
aguas celestes, verdes intensos— y que, al no
corresponder a nuestro contexto, terminan
por ocultar las realidades y los cuerpos que
habitan nuestros territorios.
Figura 2: Karibao Resort
Town en Engabao. (en
construcción)
Nota: El proyecto incorpora
una laguna articial de color
turquesa y arena blanca que
evoca paisajes caribeños y
ejemplica una representación
idealizada del paisaje. Tomado
de Pronobis (s. f.).
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En la práctica profesional, estas decisiones
se maniestan de diversas maneras: en la
aceptación de proyectos que perpetúan in-
equidades o la destrucción de nuestros re-
cursos naturales; en las batallas que estamos
dispuestos a dar para defender el bienestar
colectivo; o en el acto del diseño mismo (la
arquitectura puede ser integradora o exclu-
yente en una planta, en una sección y hasta
en un detalle). Cabe reexionar sobre cuán
selectivos debemos ser con los proyectos en
los que participamos. Al respecto, el estu-
dio de arquitectura WORKac, reconocido
por su aproximación crítica y lúdica hacia
lo social y ecológico, acuñó el lema “yes to
everything” (“sí a todo”) (Andraos & Wood,
2017, p. 15). Lo plantea como losofía para
abrirse a oportunidades y descubrir su voz al
comienzo de su carrera. Celebro la idea de
encontrar en cada proyecto, independien-
temente del tipo, la escala o prestigio, una
oportunidad para explorar soluciones crea-
tivas a problemas que se benecian del en-
foque de design thinking descrito por Haan
(2022). Sin embargo, ¿en qué momento o
circunstancias debemos reconsiderar decir
‘sí’ a todo?
Me remontaré a una experiencia personal
para ilustrar esta disyuntiva. Durante una
charla a la que fui invitada a presentar un
proyecto propio, un estudiante cuestionó la
necesidad de llevar a cabo diseños que ex-
panden la huella urbana: “¿Por qué es nece-
sario hacer este proyecto en este lugar? ¿Por
qué no llevar a cabo el proyecto en la ciudad
existente?” Se refería a la evidente contra-
dicción de hablar de un proyecto sostenible
cuando este invade un terreno virgen im-
pactando ecosistemas y biodiversidad. Con
franqueza le respondí: “No es necesario.
La realidad es que este proyecto no debería
existir; al menos no en este lugar.” Muchas
veces, como arquitectos, nos enfrentamos
a decisiones imposibles; que exigen evaluar
desde una perspectiva ética si conviene in-
volucrarse o abandonar un proyecto. La ex-
pansión urbana es un cáncer que debemos
denunciar, pero sobre el cual tenemos poco
control. Creo rmemente que trabajar sobre
lo existente, a través del reuso adaptativo y
el inll, es la manera en que batallamos este
cáncer. Sin embargo, esto requiere analizar
múltiples variables. Entre ellas la percepción
generalizada de que lo nuevo es inherente-
mente mejor, así como la aspiración a una
estética de primer mundo — de torres altas y
vidriadas, dependientes de la industria de los
muros cortina, adhesivos y selladores — que
remite a la Generic City de Koolhaas (1995).
Figura 3: Ilustración del
proyecto Santiago del
Nuevo Samborondón (en
construcción). (2024)
Nota: La ilustración fue
elaborada por Gensler y el
desarrollo inicial del plan
maestro estuvo a cargo de
Perkins Eastman. Tomado de
El Universo (2024).
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Entre lo humano y el bailarín: Práctica, academia y ética en la arquitectura
ecuatoriana contemporánea
Mónica Alicea Matos
Figura 4: El concepto de
triple bottom line: prosperidad
económica, bienestar humano y
salud ambiental.
Nota: Elaboración propia,
adaptada de Knowable
Magazine (2021), a partir
del concepto de desarrollo
sostenible presentado en
Our Common Future (World
Commission on Environment
and Development, 1987).
Considero esencial acoger cuestionamientos
y ejercer la autocrítica, reconociendo nuestra
complicidad y las contradicciones que sue-
len existir entre nuestra práctica y nuestros
valores. ¿Existe un escenario en el que po-
damos denunciar las incoherencias éticas de
nuestro gremio, inclusive cuando hayamos
sido partícipes de esto? ¿Existe un escenario
en el que podamos hablar sobre lo que la ciu-
dad necesita, inclusive cuando esto implique
hacer crítica de nuestras instituciones, cola-
boradores o clientes? Si bien trabajar en pro-
yectos y planes a futuro de la mano de las
instituciones gubernamentales representa el
escenario ideal, en la práctica intervienen li-
mitaciones estructurales —económicas, ad-
ministrativas y burocráticas—. Ello, suma-
do a dinámicas de demagogia y corrupción
sistémica, suele obstaculizar el desarrollo de
proyectos necesarios y con conciencia am-
biental. Dicho escenario nos deja a los que
ofrecemos el diseño como servicio a la mer-
ced del desarrollo privado y un único bottom
line económico.
Como diseñadores, somos una pieza que se
engrana dentro de un sistema que decide
quién puede entrar, quiénes son escuchados
y qué ideologías son materializadas. Sin em-
bargo, existe una gran cantidad de decisio-
nes arquitectónicas, puramente materiales,
que muchas veces —de manera inconscien-
te— perpetúan estas narrativas de poder.
Consideremos por ejemplo: ¿Tiene sentido
seguir diseñando espacios públicos, como
baños, desde un modelo rígido de binaris-
mo de género que no garantiza condiciones
seguras, inclusivas y equitativas para todos
(Gattupalli, 2022)? ¿Exigimos conocer el
origen de los materiales que especicamos,
su impacto ambiental, sus efectos en la salud
y las condiciones éticas de su producción?
¿Cuestionamos la excesiva dependencia en
los sistemas de seguridad privada, hoy con-
vertidos en una amenidad y símbolo de esta-
tus? Más que un mea culpa, abrazo la idea de
dialogar sobre cuáles son esos puntos ciegos
a los que podemos redirigir nuestra atención
de una manera más consciente.
Las guras del arquitecto
En este intento de conciliar la gura del ar-
quitecto como pensador y hacedor, vale la
pena analizar las diferentes variantes de estos
perles de arquitectos: unos más anclados en
lo reexivo —o lo universal— y los otros en
lo práctico —o lo especíco—. Sin ser reduc-
cionista o caer en categorizaciones estáticas,
propongo analizar estos enfoques dentro del
contexto ecuatoriano actual. Estos enfoques
pueden leerse como herramientas concep-
tuales que, consideradas en conjunto, per-
miten establecer contrastes y aportar mayor
claridad sobre sus implicaciones.
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Para comenzar a entender estos polos, debe-
mos hablar del distanciamiento progresivo
de la academia y la práctica. Esto no es algo
único de nuestro contexto, ambos mundos
tienden a aislarse entre ellos. Históricamen-
te, en Ecuador ha existido una estrecha re-
lación entre la docencia y la práctica, desde
la fundación de la primera escuela de arqui-
tectura por el arquitecto italiano Francesco
Maccaferri en 1929. Inclusive, un análisis
reciente plantea que la mitad de los arquitec-
tos practicantes de mayor relevancia entre el
1920 hasta el 2017 participaban activamente
en instituciones educativas del país (Ludeña,
et al., 2023). La evolución reciente de las nor-
mativas universitarias (Asamblea Nacional
del Ecuador, 2018) ha favorecido progresi-
vamente modelos académicos orientados a
la investigación y a la dedicación docente a
tiempo completo, consolidando la gura de
un arquitecto-académico. Aunque este giro
responde a esfuerzos institucionales por for-
talecer la calidad y la producción de cono-
cimiento, también ha implicado una menor
integración con la práctica.
El arquitecto y educador español radicado
en Quito José María Sáez ha expresado su
preocupación frente a la priorización de la
formación teórica por sobre la práctica. Ar-
gumenta que: “no tener gente de la práctica
dando talleres en la universidad es un sui-
cidio […] inventamos las teorías para ope-
rar en una realidad compleja” (Sáez, 2024,
27:45). Sáez se ha expresado además sobre su
formación de enfoque conceptual en España
y sobre el choque cultural que experimentó
al enfrentarse a las urgencias sociales y prác-
ticas de un país en desarrollo como Ecuador.
Comparto esa necesidad de arraigo a la reali-
dad; como extranjera formada mayormente
en Estados Unidos, reconozco el privilegio
de sumergirme en búsquedas creativas y
conceptuales distanciadas de la realidad. La
inmersión en lo urgente puede ser una for-
ma de estar atento a lo esencial. Sin embar-
go, también puede reducir el espacio para
pensar en horizontes más amplios. Es en la
diversidad de aproximaciones —desde las
más abstractas y especulativas hasta las más
prácticas— donde logramos imaginar otros
futuros posibles.
Considerando estas dicultades, aún hoy,
en gran medida la arquitectura ecuatoria-
na digna de reconocimiento proviene de
arquitectos que están vinculados en cierto
grado a la academia y que mantienen esta
conexión como motor de creatividad, ex-
perimentación y reexión. Sin embargo, la
mayor parte de esta producción arquitectó-
nica no es de carácter teórico o especulativo.
Mucha de esta arquitectura es parte de un
movimiento regional de enfoque artesanal
y exploración tectónica. Esta práctica, en su
mayoría de proximidad social, se propone
“hacer mucho con poco” (Kliwadenko &
Novas, 2017) a través del redescubrimiento
de lo vernáculo, la economía de materiales
y la participación comunitaria. La gura del
arquitecto-artesano reconoce la escasa bi-
bliografía respecto a materiales y métodos
constructivos locales, y se propone descubrir
muchas de sus soluciones técnicas a través
del proceso constructivo. En colaboración
con obreros y redes comunitarias que aún
preservan ese conocimiento de generación
en generación, sigue un proceso horizon-
tal. Allí, el arquitecto, más que “ayudar” al
cliente, busca un enriquecimiento colectivo
(Granda, et al., 2020). Estos proyectos, en su
mayoría construidos en contextos rurales o
urbanos informales, gozan de una moderada
complejidad programática, aunque no están
exentos de desafíos en gestión de recursos y
procesos de participación comunitaria. En
ellos brillan las soluciones sobrias, geome-
trías puras y la expresividad de los materiales
expuestos.
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Entre lo humano y el bailarín: Práctica, academia y ética en la arquitectura
ecuatoriana contemporánea
Mónica Alicea Matos
Figura 5: Casa Toquilla,
Portete. (2021)
Nota: La Casa Toquilla
combina una arquitectura de
geometrías puras con métodos
de construcción vernácula
mediante el uso de materiales
como bambú, madera, paja
toquilla y kade. Tomado de
Rama Estudio (2021).
Existe una clara distancia entre la arquitec-
tura producida por arquitectos (Arquitec-
tura con A mayúscula) y la mayor parte de
la construcción del país. En general, la cons-
trucción se origina principalmente en dos
ámbitos: el formal, donde operan arquitec-
tos, desarrolladores y el gobierno; y el infor-
mal, donde opera el ciudadano a través de
la autoconstrucción. Dentro de la arquitec-
tura diseñada por arquitectos predominan
las obras de pequeña escala. En cambio, los
proyectos de mediana y gran escala son ma-
yoritariamente llevados a cabo por desarro-
lladores inmobiliarios. Ya hace una década,
Durán Calisto (2015) habla del distancia-
miento entre la arquitectura de arquitectos
y el mercado de bienes raíces. En su revisión
de la arquitectura local plantea:
…la consecuencia de esta visión es que
muchos de los mejores arquitectos no par-
ticipan en la construcción acelerada de la
ciudad, cuyo principal actor sigue siendo la
ingeniería o la producción servil de planos,
según la lógica de ‘el mayor número de me-
tros cuadrados que la normativa permite al
menor costo posible’ (p. 11).
Estos dos mundos, el de la arquitectura sin
nes de lucro y el de la arquitectura con nes
de lucro, se desconocen. Mientras un sector
cuestiona la calidad y profundidad arquitec-
tónica del otro, este último ignora la existen-
cia de una arquitectura que se plantea como
alternativa contracorriente a las lógicas ca-
pitalistas.
Trasladar la visión y metodología del arqui-
tecto-artesano hacia la arquitectura for prot
(para ganancias), especialmente a proyectos
de mediana y gran escala, es difícil. Aparte
de la presión de los intereses económicos,
operar en el mundo inmobiliario conlleva
un estándar exigente de confort. Esto sin
mencionar una serie de aspectos técnicos
—como el control de temperatura, la priva-
cidad o la acústica— y otros que implican
responsabilidad en la protección de la vida
pública. Aunque este enfoque artesanal y
social aporta lecciones claves, como la par-
ticipación ciudadana, su mayor inuencia
en la arquitectura del sector privado ha sido
una revalorización de la honestidad del ma-
terial y métodos constructivos vernáculos. Si
bien este fenómeno se maniesta con mayor
claridad en la sierra ecuatoriana, en la cos-
ta persiste una preferencia por soluciones
industrializadas —vidrio, metal y hormi-
gón—asociada a ciertos imaginarios de mo-
dernidad, pero también guiada por criterios
de durabilidad y mantenimiento. Tal pre-
ferencia suele darse en reemplazo de mate-
riales vinculados a tradiciones constructivas
locales, como la madera o el ladrillo, cuyos
desafíos técnicos en la costa han inuido his-
tóricamente en su menor adopción.
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En la industria ecuatoriana existe una es-
casa presencia de ocinas de arquitectu-
ra dedicadas exclusivamente al diseño. El
arquitecto-diseñador se ve forzado a ser ver-
sátil. En el contexto de un mercado reduci-
do, no hay muchas oportunidades de aden-
trarse a nichos especializados. Más bien, se
debe poder responder a diversas escalas y
tipologías. La reticencia del mercado a in-
vertir tanto en sus servicios como en disci-
plinas complementarias —como el diseño de
iluminación, paisajismo o acústico— deriva
en que el arquitecto absorba estas tareas en
tiempo limitado. Dentro de estas condicio-
nes, la escala residencial unifamiliar y el in-
teriorismo funcionan como los principales
laboratorios de experimentación. En ellos
la espacialidad, materialidad y estética son
protagonistas. Sin embargo, el mayor reto
del diseñador es proponer ideas que vayan
más allá de lo convencional en un mercado
que subvalora el pensamiento y que exige
resultados tangibles inmediatos. El análisis
y la conceptualización son procesos clave:
permiten evaluar posibilidades con rigor y
profundizar ideas que exploran otras formas
de habitar, impactando directamente nues-
tra calidad de vida.
Figura 6: Torre Bonica, Quito.
(2022)
Nota: La Torre Bonica de Diez
+ Muller en Quito potencia
el uso y expresión del ladrillo
en una edicación en altura.
Tomado de Diez + Muller
Arquitectos (2022).
Figura 7: Una Casa, Dos
Árboles, Samborondón. (2016)
Nota: Proyectos residenciales
como Una Casa, Dos
Árboles en Samborondón
(2016) son ejemplo de la
vivienda unifamiliar como
campo de exploración entre
el interiorismo y el paisaje.
Tomado de Intemperie Studio
(2016).
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Entre lo humano y el bailarín: Práctica, academia y ética en la arquitectura
ecuatoriana contemporánea
Mónica Alicea Matos
Figura 8: The Hills, Guayaquil.
(en construcción)
Nota: e Hills, proyectado
por MVRDV en Guayaquil (en
construcción), ejemplica un
desarrollo de gran escala donde
rmas globales de renombre
participan principalmente en la
etapa esquemática del diseño.
Tomado de Uribe Schwarzkopf
(s. f.).
El desarrollo de proyectos complejos plantea
desafíos signicativos. Su calidad depende
del conocimiento y la pericia que solo pue-
den aportar equipos multidisciplinarios con
experiencia probada. El diseño paramétrico
ha comenzado a demostrar su valor en la
construcción en altura; sin embargo, su po-
tencial como herramienta para iterar y opti-
mizar rendimiento es un recurso aún subu-
tilizado. En ocasiones, se recurre a estudios
internacionales para suplir vacíos de espe-
cialización, ofrecer diseños icónicos o servir
como marca de calidad. A pesar de esto, con
frecuencia esta participación se limita a la
denición esquemática del proyecto, mien-
tras que el desarrollo se delega posterior-
mente a estudios locales. La expectativa de
que muchos detalles del diseño se resuelvan
en obra implica que, si el diseñador no parti-
cipa en esta etapa, pierde la capacidad de in-
cidir en que su visión se materialice tal como
fue concebida. Esta distancia entre lo que
se proyecta y lo que nalmente se constru-
ye constituye uno de los mayores retos del
ejercicio del diseño arquitectónico en el país.
Por esta razón, predomina la gura del
arquitecto-constructor, quien asume una
responsabilidad mayor que la del arquitecto
tradicional pero cuenta con mayor control
sobre la ejecución. En este modelo las ganan-
cias económicas provienen principalmen-
te de la construcción y el diseño se absorbe
como un servicio integrado. Entre los bene-
cios de este método de entrega de proyec-
tos se pueden citar cronogramas más reduci-
dos y un único punto de responsabilidad. No
obstante, la integración de funciones puede
subordinar el diseño a consideraciones
constructivas y presupuestarias, lo que pue-
de afectar su calidad. Esta absorción del ejer-
cicio proyectual dentro de la construcción
se puede ver en las propias inmobiliarias,
quienes cuentan con sus equipos de diseño
internos, eliminando al arquitecto como in-
termediario. Esto ha abierto la puerta a que
el diseño arquitectónico sea concebido como
un servicio secundario, en ocasiones promo-
cionado explícitamente como gratuito. Se ha
consolidado una práctica cada vez más ex-
tendida en la que el diseño queda en manos
de proveedores o subcontratistas cuyos al-
cances formativos no siempre permiten una
asesoría integral al cliente, y que, además,
enfrentan conictos de interés inherentes al
priorizar criterios de rentabilidad económi-
ca.
Esta visión de la arquitectura como negocio
se reeja en un desplazamiento hacia la -
gura del arquitecto-empresario. Para este,
el involucramiento en el discurso político y
crítico tiende a disminuir, dando paso a una
práctica cada vez más alineada con las lógi-
cas de la economía de mercado. Una de las
señales de este vuelco hacia el empresaris-
mo es visible en la incorporación de cursos
académicos sobre habilidades blandas como
liderazgo, comunicación e imagen profesio-
nal (UEES, 2026). Esta evolución formativa
responde, en parte, a la presión que enfren-
tan jóvenes profesionales para sostener prác-
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ticas independientes. Allí deben asumir roles
empresariales y estrategias de autopromo-
ción frecuentemente mediadas por las redes
sociales. El taller de diseño aún constituye el
núcleo de la educación arquitectónica. No
obstante, su reducida carga horaria, junto
con una considerablemente alta relación es-
tudiante–docente en algunas instituciones,
diculta garantizar procesos de retroalimen-
tación individualizada y una formación óp-
tima en el ámbito proyectual. En el ejercicio
profesional es palpable que el diseño analí-
tico, experimental y disruptivo está siendo
reemplazado por un diseño de consumo ba-
sado en soluciones rápidas y predecibles.
Los arquitectos y urbanistas en el mercado
ecuatoriano de hoy operan dentro de un
esquema de desarrollo urbano donde la in-
mediatez y el cortoplacismo rigen las deci-
siones del día a día. Una expansión urbana
acelerada ha exacerbado un modelo de pla-
nicación no sostenible, donde el territorio
se consume en un ejercicio especulativo, re-
sultando en un tejido urbano fragmentado y
en un impacto ecológico grave. Una realidad
social con desafíos sin precedentes, que re-
quiere respuestas rápidas y efectivas, se ha
encontrado con la ausencia de políticas efec-
tivas de planicación urbana y mecanismos
de control de cumplimiento de normas. Esto
ha atrapado a la industria de la construcción
en un torbellino reaccionario, donde la ac-
ción empírica y anecdótica prima sobre el
conocimiento investigado y probado.
La cultura del rigor técnico es aún limitada
en el contexto de la producción construc-
tiva local. Organismos como municipios y
cuerpos de bomberos se han visto despro-
vistos de recursos sucientes para enfrentar
la rapidez del desarrollo y las presiones del
mercado, dicultando la implementación de
normas internacionales como la NFPA de
manera consistente (Forneris, 2025). Urge
la revisión, normalización y actualización
de normas de edicación, accesibilidad y
eciencia energética, alineadas a estándares
internacionales. Un esfuerzo multisecto-
rial debe considerar las particularidades del
país y la viabilidad de implementación de
estas normas. La implementación de estos
estándares de calidad en la construcción en
Ecuador requiere, además, del desarrollo de
la tecnología y la transferencia de conoci-
miento a nivel regional. Actualmente, incor-
porar ciertos requerimientos técnicos a nivel
local requiere productos que no existen en el
mercado y capacitación de la mano de obra
para su correcta instalación y mantenimien-
to. Si bien es importante idear modos de de-
sarrollar e innovar, conviene problematizar
la coloquialmente llamada “tropicalización”
o aplicación parcial de normas y soluciones
constructivas – que puede comprometer la
calidad y seguridad de las construcciones.
La omisión de protección ignífuga y ausen-
cia de un diseño de compartimentalización
corta fuego es un caso ilustrativo y uno alta-
mente preocupante en un contexto donde la
construcción en acero se ha vuelto cada vez
más ubicua y el riesgo asociado es potencial-
mente catastróco.
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Entre lo humano y el bailarín: Práctica, academia y ética en la arquitectura
ecuatoriana contemporánea
Mónica Alicea Matos
La gura del arquitecto-técnico, entendida
como aquella especializada en el abordaje de
desafíos complejos vinculados al desempeño
de los edicios, las tecnologías constructivas
y la innovación, encuentra todavía condicio-
nes limitadas para su desarrollo. Su fortale-
cimiento depende, en parte, de una industria
de la construcción aún pequeña, así como de
la consolidación de ocinas de arquitectura
capaces de sostener procesos de especializa-
ción y proyectos de alta complejidad. Mien-
tras los proyectos de gran escala continúen
siendo gestionados principalmente por el
mercado inmobiliario, y este no deba rendir
cuentas a instancias regulatorias sólidas, los
incentivos para el desarrollo técnico segui-
rán concentrándose principalmente en as-
pectos asociados a la estética, el confort y la
rentabilidad.
La dimensión ética del arquitecto como res-
ponsable por la salud, seguridad y bienestar
público es clave para una cultura técnica.
Sin embargo, el arquitecto-técnico no debe
derivar en un tecnócrata que favorezca un
ideal de “primer mundo”, en ocasiones no
aplicable a nuestro contexto, y que priori-
ce aparatos tecnológicos innovadores sobre
estrategias pasivas. Necesitamos un enfoque
sensible, que incorpore aportes globales des-
de una mirada independiente. Una cultura
del conocimiento, sustentada en datos e in-
dicadores de rendimiento y calidad respalda-
dos por terceros conables, debe reemplazar
a la cultura de las tendencias. Estas últimas
no solo priorizan la imagen sobre el pensa-
miento, sino que promueven edicios con-
cebidos para el descarte (Abramson, 2016),
incompatibles con una economía circular y
con cualquier horizonte real de sostenibili-
dad. Es en el fortalecimiento de una concien-
cia colectiva de prevención, responsabilidad
y rigurosidad donde los arquitectos debemos
centrar nuestros esfuerzos.
Figura 9: Plano de seguridad
de vida de la Escuela de Artes
Escénicas del Teatro Sánchez
Aguilar. (2024)
Nota: Plano de seguridad de
vida que muestra paredes corta
fuego, análisis de ocupación
y salidas de emergencia,
elaborado conforme a los
criterios establecidos en el
International Building Code
(2021). Elaboración propia
realizada en el marco de la
práctica profesional en Perkins
Eastman.
El concepto de “Health,
Safety and Welfare” (salud,
seguridad y bienestar) es un
principio fundamental de
la licencia y la regulación
arquitectónica, formalizado por
organizaciones profesionales
y juntas de licencias estatales
en los Estados Unidos, como
el Instituto Americano de
Arquitectos (AIA) y el Consejo
Nacional de Juntas de Registro
de Arquitectura (NCARB).
La economía circular es un
sistema en el que los materiales
no se convierten en residuos y
la naturaleza se regenera. En
un entorno construido circular,
los edicios se diseñan para
prolongar su vida útil.
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Si bien la gura del arquitecto-crítico man-
tiene una presencia marginal en el país, es-
pacios de diálogo como los impulsados por
el Colegio de Arquitectos de Pichincha o
revistas donde convergen actores vinculados
a la academia y práctica como TXT. Críti-
cos están impulsando su revalorización. Por
otro lado, es inevitable interpretar la mera
existencia de movimientos arquitectónicos
regionales, como los descritos anteriormen-
te como actos de protesta frente a la pobreza
arquitectónica de gran parte de la construc-
ción local. Es en estas arquitecturas y espa-
cios donde aún encontramos producción
crítica relevante. Generar y multiplicar espa-
cios de reexión multisectorial, evitando los
silos disciplinares e ideológicos, es una tarea
compartida a la que este ensayo pretende
aportar.
Una mirada crítica desde adentro
Comencé este texto hablando de una in-
comodidad: esa brecha entre el arquitecto
como hacedor y como pensador. Así como
el acto de modelar una vasija, la arquitec-
tura exige destrezas técnicas, concentración
y control del proceso. Esa concentración
puede impedir detenernos a hacer pregun-
tas imprescindibles: ¿de qué está hecha esta
vasija?, ¿por qué es importante hacerla?,
¿hay una mejor manera de hacerla? El énfa-
sis en el cómo —la técnica, el detalle, la e-
ciencia— eclipsa el por qué y, con ello, una
reexión más amplia sobre el contexto en el
que ese hacer se inscribe. ¿Es posible cerrar
esa brecha cuando se está inmerso en asun-
tos prácticos tan urgentes?
La gura del arquitecto necesita ampliarse,
no fragmentarse. Es en la hibridez de es-
tas identidades donde podemos establecer
lazos de diálogo y entendimiento. Ejercer
con conciencia implica asumir que el hacer
nunca es neutral. ¿Es posible ejercer esa con-
ciencia trabajando dentro del mercado? No
solo es posible; es indispensable. El deber de
ejercer con criterio crítico debe ser asumido
desde afuera y desde adentro. Mantener el
conocimiento investigativo encerrado en los
espacios académicos, o esconder las miradas
críticas detrás del esnobismo intelectual —
del cual todos hemos sido responsables en
algún momento—, no contribuirá a resolver
los problemas urgentes de nuestras ciuda-
des. Del mismo modo, la cultura de las so-
luciones improvisadas o de mínimo esfuerzo
solo resulta en la ganancia de unos pocos y
deteriora la calidad de vida de la mayoría.
Cualquier proyecto arquitectónico pierde su
capacidad de incidir de manera signicativa
en el entorno si no forma parte de un esfuer-
zo colectivo que dé coherencia a iniciativas
aisladas. La ausencia de una voz colectiva es
igualmente perjudicial. No podemos hablar
de arquitectura verde sin justicia ambiental,
de la revitalización de nuestros cascos urba-
nos sin hablar de gentricación, de ciudades
caminables sin hablar de inseguridad, ni de
desarrollo inmobiliario sin hablar de des-
igualdades. Debemos exigir la ciudad que
queremos: una donde las soluciones sean
coherentes con los problemas; una donde
la violencia se enfrente con espacios para
la educación y la cultura, y no con espacios
para el consumismo y el encierro; una donde
hagamos valer nuestro derecho a una ciudad
segura y el derecho de la naturaleza a exis-
tir, conservarse y regenerarse para benecio
de todos (Corte Constitucional del Ecuador,
2023).
La arquitectura, como profesión, corre el
riesgo de perder relevancia. A las presiones
del mercado capitalista, la desvalorización
del diseño y la complacencia con la baja ca-
lidad técnica, se suma la amenaza de la in-
teligencia articial como herramienta para
dar respuestas. En este sentido, no estamos
solos: los retos del Ecuador resuenan en el
resto de Latinoamérica y el Caribe. No obs-
tante, sigo creyendo que la formación en ar-
quitectura, aplicada en cualquier escenario,
es una de las más enriquecedoras, amplias y
adaptables a las que podemos aspirar. Nun-
ca ha sido más crucial aprender a formular
buenas preguntas: cuestionarnos el valor de
nuestra labor, su aporte social y cómo gene-
rar mayor impacto frente a desafíos globales
como el cambio climático.
Nuestros edicios tienen la capacidad de
convertirse en textos críticos a través de
decisiones grandes y pequeñas. Es indis-
pensable aprender a leerlos. Desde un
La Constitución de 2008 fue
la primera en el mundo en
reconocer los derechos de la
naturaleza.
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Entre lo humano y el bailarín: Práctica, academia y ética en la arquitectura
ecuatoriana contemporánea
Mónica Alicea Matos
Mirador de Shalalá admirando al volcán de
Quilotoa como el que hace reverencia a la
Pachamama con gratitud, a unas Tejedoras
imponiéndose ante el Goliat de un desarro-
llo urbano desenfrenado, aún hay arquitec-
turas que conmueven por los valores que
representan. Nuestra labor —entre el pensar
y el hacer— tiene el potencial de devolverle
gravedad a una industria que corre el riesgo
de vaciarse de propósito y utilidad. Involu-
crarnos en las conversaciones difíciles impli-
ca, al igual que en el periodismo gonzo, par-
ticipar en la acción sin dejar de insertarnos
en la narrativa. ¿Qué rol estoy cumpliendo
yo en esta historia? ¿Soy el humano o soy el
bailarín?
Figura 10: Centro de
Desarrollo Productivo
Comunitario Las Tejedoras en
Chongón. (2023)
Nota: Proyecto de Natura
Futura y Juan Carlos Bamba en
el contexto de la expansión de
vivienda social hacia el oeste
de Guayaquil. Fotografía de
José Virgilio Escandón (2026),
utilizada con autorización.
Conclusiones
Pensar la ciudad ecuatoriana contemporá-
nea implica reconocer hasta qué punto el
cortoplacismo y la rentabilidad económica
condicionan muchas de las decisiones que
la construyen. Los arquitectos ocupamos un
espacio limitado entre la lógica especulativa
y la autoconstrucción, pocas veces asumien-
do abiertamente una postura crítica ante el
sistema complejo dentro del cual operamos.
Esta aparente ausencia de cuestionamiento
responde, en parte, a un distanciamiento
progresivo entre la academia y la práctica,
así como a la dicultad de construir espacios
de diálogo entre los distintos actores invo-
lucrados en la producción de ciudad. Tam-
bién responde a la incomodidad de criticar
un sistema en el que no solo estamos inmer-
sos, sino del cual muchas veces dependemos
para ejercer la profesión. En gran parte de la
producción de ciudad, la lógica de la renta-
bilidad inmediata ha desplazado el rigor téc-
nico, profundidad conceptual y la responsa-
bilidad frente a lo humano y lo ambiental.
Se argumenta que la creciente fragmenta-
ción de las distintas formas de ejercer la
arquitectura ha debilitado la capacidad del
arquitecto de habitar simultáneamente espa-
cios entre la reexión y la acción. Esto ha lle-
vado a una polarización entre una arquitec-
tura subordinada a las lógicas del mercado y
una arquitectura de resistencia con limitada
incidencia sobre la realidad material de la
ciudad. Frente a ello, se propone una mayor
hibridez en el rol del arquitecto, rescatando
su dimensión como intelectual público: una
gura que ejerce la arquitectura como una
forma de reexión crítica sobre la ciudad y la
sociedad. Esta reexión puede manifestarse
tanto a través de la participación en el debate
público como desde el diseño y la construc-
ción. Más que una arquitectura ensimisma-
da, se propone una práctica que conversa y
asume sus implicaciones.
Pensar y hacer arquitectura simultánea-
mente implica no solo construir ciudad,
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sino también cuestionar las lógicas que la
producen y buscar maneras más justas de
habitarla. Esta manera de entender y ejercer
la arquitectura debe comenzar en las aulas.
Como docentes, formar arquitectos con
pensamiento crítico implica reconocer que
nuestras acciones nunca son neutrales: pue-
den reforzar inequidades, o bien contribuir
a generar cambios transformadores. En un
contexto donde la inteligencia articial ya
es capaz de reproducir muchas de las tareas
productivas del arquitecto, se vuelve urgente
rescatar aquello profundamente humano: la
capacidad de actuar éticamente, cuestionar
críticamente e idear soluciones situadas en
nuestra realidad.
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