
48
Vol. 5 No. 10 • pp. 48-62. • Enero - Junio 2026
ISSN-e: 2953-6499
experimentaciones es la que permite
argumentar que todas las partes constituyen
un método importante para introducir el
pensamiento proyectual desde el primer
contacto del estudiante con los talleres de
arquitectura.
Los primeros niveles del taller de la carrera de
arquitectura buscan aproximar al estudiante
al proyecto de arquitectura mediante un
modo de pensar a partir de la acción, un
procedimiento de indagación espacial que
precede a cualquier contenido disciplinar
especíco. Esta premisa encuentra respaldo
en la obra de Schön, quien, a partir de
sus estudios sobre el taller de proyectos,
situó la enseñanza de la arquitectura como
paradigma de toda educación profesional
reexiva (Schön, 1983, 1987). Para Schön,
el taller no transmite un cuerpo de
conocimientos cerrado, sino que instala al
estudiante en ciclos sucesivos de acción y
reexión lo que denominó reexión en la
acción mediante los cuales el pensamiento
proyectual se construye haciendo, y no
como condición previa al hacer. Esta idea
es especialmente pertinente para el primer
nivel, donde el estudiante carece aún de
vocabulario arquitectónico y, por tanto, el
ejercicio abstracto desprovisto de programa,
escala real o cliente se convierte en el
instrumento pedagógico más ecaz para
instalar ese modo de pensar.
Esta forma de enseñanza inicial, centrada
en la manipulación directa de materiales
elementales antes de abordar el proyecto
arquitectónico propiamente dicho, tiene
una genealogía histórica precisa. El curso
preliminar de la Bauhaus, obligatorio
para todo estudiante con independencia
de su especialización posterior, exploraba
mediante ejercicios de materialidad,
composición y percepción los fundamentos
de cualquier disciplina proyectual, antes
de que el estudiante accediera a los talleres
especializados (Guerri & Hu, 2019). La
tradición del curso propedéutico no es,
entonces, una ocurrencia aislada, sino un
modelo pedagógico centenario que este
artículo retoma y actualiza para el contexto
especíco del taller de arquitectura de primer
nivel.
Dentro de la disciplina arquitectónica, el
precedente más directo de un ejercicio
abstracto sistematizado para la iniciación
de estudiantes de primer año es la retícula
de nueve cuadros desarrollada por Hejduk
en la Cooper Union. El autor concebía este
ejercicio como un problema metafísico y
abierto, deliberadamente ajeno a cualquier
estilo, cuya productividad pedagógica residía
justamente en la ausencia de una respuesta
correcta única: el estudiante debía descubrir,
mediante la manipulación del dispositivo
formal, los elementos constitutivos de la
arquitectura suelo, muro, cubierta y sus
relaciones espaciales (Hejduk, 1999).
La revisión de literatura nos muestra un
modelo pedagógico que estructura la
secuencia sistematizada se organiza en tres
etapas: observar, interpretar y experimentar,
las cuales van en correspondencia con el
ciclo del aprendizaje experiencial propuesto
por Kolb, quien señala que todo aprendizaje
signicativo se produce mediante un
ciclo, y este articula la experiencia
concreta con la observación reexiva y
enlaza la conceptualización abstracta y
la experimentación activa (Kolb, 1984).
Tomando este ciclo al laboratorio de primer
nivel, podemos plantear una progresión
metodológica basada en tres ejes (observar,
interpretar y experimentar), en tres ejercicios
con un nombre y objetivo pedagógico,
los cuales hacen que el estudiante logre la
transición desde la experiencia personal
hacia la composición experimental y al
pensamiento proyectual.
El primer eje Observar, ejercicio “Tres
Miradas”, tiene como objetivo percibir la
memoria, la percepción y la identidad,
y corresponde a la etapa de observar
(identidad). La etapa inicia con una
exploración bidimensional, empleando el
punto, la línea y el plano; a partir de esta
composición los estudiantes desarrollan una
primera maqueta abstracta en plastilina, y
nalmente una maqueta síntesis del proceso
en balsa. El estudiante proyecta desde lo
íntimo y lo vivido: el mundo, cómo ve el
mundo, cómo se ve a sí mismo en él. Esta
etapa inicial no parte de una referencia
externa ni de un problema técnico, sino de la